Margarita Rutan: una víctima de la Revolución (Prefacio)

Francisco Javier Fernández ChentoMargarita RutanLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Pierre Coste, C.M. · Traductor: Máximo Agustín, C.M.. · Año publicación original: 1908.
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asdDeclaración del autor:

Nosotros no intentamos adelantarnos al juicio de la Iglesia al llamar a Sor Rutan «santa mártir»; cada vez que las empleemos, estas palabras tendrán, bajo nuestra pluma, su sentido corriente y no su sentido estrictamente canónico. (Pierre Coste)

Carta de Mons. el Obispo de Aire

Obispado de Aire,

Saint-Sever, 31 de julio de 1908

Mi querido Sr. Coste,

No quiero contentarme con el simple Imprimatur otorgado sobre Sor Margarita Rutan: Una víctima de la Revolución. Quiero añadir la expresión de mi gratitud por el cuidado que habéis puesto en preparar la información canónica en curso y por la luz que aportáis con vuestra nueva publicación.

Los acusadores y los jueces de la heroica religiosa habían tratado de justificar su única sentencia extendiendo sombras sobre algunos actos de su vida. Habéis tenido la buena suerte de descubrir su falsedad y la demostráis, documentos en mano, con una claridad que no deja ninguna duda en pie. Por ello os felicito sinceramente. Al restituir a esta noble vida la hermosura de su corrección y de su pureza, rendís con ello un gran servicio a la causa que seguimos. Probáis hasta la evidencia que no es por motivos políticos, sino únicamente por odio a la religión, el haber sido enviada Margarita Rutan al cadalso.

Con estos agradecimientos, recibid, querido Señor Coste, la seguridad de mi afectuosa entrega.

† François Ob. de Aire y de Dax.

Carta del Sr. Superior General

Dax, 4 de septiembre de 1908,

Señor y muy querido Cohermano,

La gracia de N. S. sea siempre con vos.

Habéis hecho una obra excelente defendiendo la causa de Sor Margarita Rutan; gracias a vuestras laboriosas y exitosas informaciones ella queda para siempre libre de las odiosas acusaciones dirigidas en su contra. La política no fue más que un pretexto para la condenación de esta admirable Hija de la Caridad; su virtud y sus méritos solamente inflamaron la rabia del que es homicida desde el comienzo y de sus secuaces; pero al sufrir heroicamente la injusta sentencia dictada contra ella, conquistó la palma del martirio y entró en posesión de una vida bienaventurada que no tendrá fin.

La Hermana Rutan pertenecía a la Compañía de las Hijas de la Caridad de las que san Vicente mismo, su fundador y padre, ha hecho este elogio. «Puedo decir que si la mayor parte de vuestras Hermanas que ya han muerto hubieran sido del tiempo de san Jerónimo, este gran doctor nos habría descrito tan provechosamente sus vidas que las habríamos tenido en admiración, tan grande ha sido su santidad».

Gracias a Dios, este elogio hubiera podido repetirse por todos los sucesores de san Vicente pues la profesión de las Hijas de la Caridad es, a juicio de este buen padre, una profesión de martirio, tanta entrega necesitan, en particular para servir a los enfermos alcanzados de enfermedades contagiosas.

Entre ellas, las mártires de la caridad se cuentan por millares; por no estar inscritas en el catálogo de los Santos de la Iglesia católica, no dejan de formar en el cielo un cortejo importante a su divino Esposo.

No obstante, Nuestro Señor ha querido escogerse en esta familia religiosa testigos que, por el ejercicio heroico de la caridad con los enfermos, añadiesen el derramamiento de su sangre en defensa de la fe. Tales fueron las hermanas Odile y Marie Anne de Angers, la Hermana Madeleine y sus compañeras de Arras; tal fue la Hermana Margarita Rutan.

¡Que todas estas siervas de Dios puedan recibir pronto los honores de la Beatificación y atraer sobre su Comunidad las bendiciones más abundantes!

Os tocará una buena parte de ello, Señor y muy querido Cohermano, por los trabajos que os habéis impuesto por la causa de la admirable Hermana Rutan.

Al daros las gracias sinceramente, os bendigo y quedo en el amor de Nuestro Señor y de su Inmaculada Madre,

Señor y muy querido Cohermano,

Vuestro devoto servidor.

A. FIAT, Sup. Gén.

Prefacio

Como las víctimas del feroz Lebon en Cambrai, cuya muerte valiente y conmovedora1 ha contado no hace mucho el Sr. Misermont, Margarita Rutan, su Hermana en caridad y en heroísmo, perece víctima de los mismos odios sectarios, pagada con las mismas ingratitudes. Ella también tiene, pues, algún derecho a las consideraciones de la historia. La vida de esta humilde Hija de San Vicente de Paúl, vida hecha toda ella de entrega, abnegación y energía viril, está llena de lecciones útiles. Nuestros contemporáneos sacarán provecho de ello. Está bien decirles una vez más, con los hechos, que, para implantar y sostener las obras de asistencia privada y pública, nada podría reemplazar una inteligencia de élite, robustecida por la fe cristiana; es bueno mostrarles hasta qué grado de bajeza y de barbarie puede caer una sociedad cuando repudia oficialmente los principios religiosos. Admirarán, no lo dudamos, la hermosa y noble figura que les presentamos; reconocerán sin dificultad la inocencia de la víctima calumniada, protestarán, indignados, contra la impostura de sus acusadores y romperán el veredicto de sus jueces.

Si este motivo no hubiera sido suficiente para hacernos emprender esta modesta biografía, el deseo que expresaba hace poco el Superior General de la doble familia de San Vicente al biógrafo de las Hijas de la Caridad de Cambrai debía triunfar entre nosotros sobre todos los titubeos. «Me siento feliz, le escribía el 10 de junio de 1900, al felicitaros y agradeceros formulando votos para que vuestro librito suscite otros muchos análogos». Estas palabras, que han sido para nosotros el más poderoso de los apoyos, serían, en caso de necesidad, la más autorizada de las justificaciones.

El nombre de Margarita Rutan sale al paso a menudo, como veremos más adelante, bajo la pluma de los historiadores de la Revolución en las Landas o de los biógrafos de Mons. Lequien de Laneufville, obispo de Dax; pero en ninguna parte ha sido su vida el objeto de un estudio detallado o incluso completo, sacado de las fuentes. Es en estas fuentes –¿hay que decirlo?– donde intentamos buscar los elementos de esta biografía. A falta de documentos contemporáneos, hemos necesitado recurrir a veces a obras de segunda mano, pero los detalles que hemos encontrado han sido minuciosamente controlados, al menos en lo posible. No hemos descuidado nada para separar de este trabajo la más ligera inexactitud; al leerlo tendremos la convinción, así lo esperamos, que no es la obra de un panegirista y que no se ha inspirado en la preocupación de hacer edificación a todo precio.

La historia más antigua de la Revolución en Dax, titulada Compendio de los sucesos más memorables de la Revolución en la ciudad y diócesis de Acqs, ha sido compuesta por un amigo personal, y tal vez por un pariente de Mons. Laneufville, último obispo legítimo de Dax, poco después del 9 de enero de 1796, fecha del fallecimiento de Sanadon, obispo constitucional de los Bajos Pirineos.2 El manuscrito original, que los descendientes de un sobrino de Mons. de Laneufville se transmiten como un bien de familia, nunca se ha publicado. En él se hallan, junto a páginas interesantes e instructivas, llenas de hechos curiosos, cuya autenticidad no es sospechosa, páginas lamentables, donde la reputación de Pierre Saurine, obispo constitucioal de las Landas que tuvo la debilidad culpable de pasarse al cisma para ponerse a la cabeza de una diócesis, queda ennegrecida sobre manera, uno de los capítulos está dedicado a los mártires. Es ahí, y ahí solo, donde el autor nos habla, con una admiración que se traiciona en cada línea, de Marguerite Rutan. Limita sus informaciones a los hechos de los que Dax ha sido el teatro durante la Revolución; baste decir que no nos enseña nada sobre la infancia de la Hermana y su trabajo en los hospitales a donde la Providencia la envió antes de su llegada a esta ciudad.

Las escasas líneas que nos ha dejado sobre sobre la Hermana Rutan no merecn bajo ningun título el nombre de biografía.

La primera biografía de la heroica Hija de la Caridad forma parte de una larga memoria que la administración del hospicio dirigió o al menos tuvo la intención de dirigir, en 1813, al Ministro del Interior. Sobre los últimos momentos de la mártir, o más bien sobre el periodo de su vida comprendida entre el principio de la Revolución y el día de su muerte, estos son de un laconismo que desconciertan; nueve o diez líneas, y eso es todo. Y todavía estas nueve o diez líneas se nos presentan en condiciones que parecen a primera vista inexplicables.

La administración del hospicio ha conservado en sus archivos3 el borrador y dos copias antiguas de la memoria que destinaba al Ministro del Interior.4 El borrador sobre doble fascículo, lleva fecha de 1812 cubierto de numerosas tachaduras y sobrecargado de amplias cintas de papel pegadas. Algunas páginas sin embargo están escritas de un tirón sin un solo retoque, son las que contienen la biografía. En el borrador la biografía está completa y hasta seguida del decreto de muerte. En las dos copias se detiene bruscamente la víspera de la época revolucionaria; sin embargo el copista ha dejado en blanco el espacio suficiente para completarla, y el autor de la memoria ha incluido entre las hojas de uno de los cuadernos una hoja volante de pequeño formato, en la que ha seguido a mano el relato de los últimos momentos de Margarita Rutan, tal como se encuentra en el borrador.

Para explicar estas divergencias, es bueno referirse a la época en que la memoria ha sido compuesta. Los dignatarios del Imperio, que habían hundido sus manos en la sangre de las víctimas del Terror, veían con malos ojos los ataques dirigidos contra la obra de la Revolución. Cuando el abate Guikkon quiso publicar sus notas sobre Los Mártires de la Fe, notas ya listas antes de 1799, la policía de Fouché confiscó sus manuscritos, que fueron encontrados en la Restauración y aparecieron en 1821. En estas condiciones, los administradores del hospicio no habrían actuado como hombres prudentes si, en una memoria preparada para un ministro y que se proponían tal vez hacer recomendar por su compatriota, el regicida Roger Ducos, senador, cuya influencia era grande en la Corte, si hubieran hablado con cólera y desprecio de las violencias de la Revolución. Y si querían a todo precio conceder un lugar a la Hermana Rutan en su memoria histórica y financiar el hospital, era totalmente necesario que hicieran silencio sobre los últimos años de su vida, aquellos precisamente que la engrandecieron más. El autor de la memoria ¿habría tenido realmente la intención de enviar el relato del martirio de la Hermana y serían los administradores quienes se hubieran impedido? O bien, ¿habría él, sin tener la intención de recopiarle luego, insertado este relato en su borrador, para dar a la vida su complemento natural? Se pueden sostener con tanta verosimilitud ambas hipótesis.

La misma incertidumbre sobre el nombre del autor. Ya hemos visto que la noticia aneja al borrador de la memoria está totalmente exenta de tachaduras. Se permite concluir que la composición de la reseña es anterior a la de la memoria. Cantidad de indicadores, entre otros la expresión La Señora superiora general de la Hijas de la Caridad, muestran que no es la obra de una Hermana de San Vicente. La profunda veneración que pestaba a la Hermana Rutan, como veremos después, Joseph Grateloup, que fue tesorero del hospital de 1782 a 1789 y siguió teniendo durante largo tiempo las mismas funciones en los primeros años del siglo XIX,5 nos permite designarle, con alguna probabilidad, como el autor anónimo de la biografía.

Aunque escrita en 1812 (no se puede asignar fecha más reciente), la noticia gozaría al menos en cuanto a las circunstancias del martirio, de una incontestable autoridad; en 1812, en efecto, numerosos testigos de los acontecimientos de 1794 vivían todavía en Dax y conviene señalar entre ellos a una sobrina o al menos a una compatriota de la Hermana Rutan,6 Sor Sofía Charpentier quien, exceptuados los meses de prisión, prestó sus cuidados a los enfermos del hospital Saint-Eutrope durante cuarenta y dos años, de 1789 a 1831, año de su muerte.7

Hemos hallado también aquí y allá en diversas fuentes manuscritas, que serán indicadas a su tiempo, algunas informaciones aisladas.

Entre las obras impresas, la de Dompnier de Sauviac, Crónicas de la ciudad y de la diócesis de Aqcs,8 es el que hace más mención de Margarita Rutan. El autor, como hemos podido verificar en persona, ha rebuscado en los archivos del departamento de las Landas, en la alcaldía y hospital de Dax, la mayor parte de estas informaciones; ha recogido los ecos de las tradiciones conservadas en Dax y los ha consignado en su libro ; nosostros los utilizaremos con discreciones y mesura.

Los escritores posteriores se han contentado con copiar o resumir a Dompnier. Señalemos al abate Légé,9 a Dufourcet,10 a Mons Cirot de la Ville,11 al abate Tauzin,12 al canónigo Dudon,13 a Chinchon, sacerdote de la misión;14 y al autor de una serie de artículos publicados en los Anales de la Congregación de la Misión,15 bajo este título: La Compañía de las Hijas de la Caridad durante la persecución religiosa de la Revolución. Wallon,16 Berriat Saint-Prix17 y al abate Degert18 dedican a la Hermana algunas líneas apenas. El P. Chérot19 y el autor de un compendio de propaganda enriquecida de un facsímil de la escritura de la Hermana Rutan y de ilustraciones muy bien logradas,20 no han hecho más que resumir la primera edición de nuestra biografía. El abate Montauzé, capellán del hospital Saint-Eutrope, se ha servido exclusivamente de la noticia conservada en los archivos de este establecimiento y de los papeles que la acompañan.21

Las informaciones que nos han quedado de la Hermana Rutan, como también de los que pasaron el suplicio de Dax, no abundan; un concurso de circunstancias desdichadas ha perjudicado a su conservación. El olvido del lugar de su seputura explica en parte por qué su recuerdo no es tan vivaz entre los habitantes de Dax como el recuerdo de las Hermanas Marie-Anne y Odile, por ejemplo, entre los habitantes de Angers. Un monumento exterior ayuda siempre a conservar las tradiciones. Si las Hijas de la Caridad del hospital hubieran sabido dónde estaba la tumba de Sor Rutan y que nada hubiera detenido su celo, ellas la habrían visitado piadosamente y cuidado liberalmente. Sobre el mausoleo una inscripción recordaría el género de muerte y el valor de la víctima. Los fieles, el día del aniversario sobre todo, se habrían dado cita allí y, en la estación de las flores, no habrían dejado de recoger para llevar a la tumba de la mártir. Los hijos, intrigados, se lo habrían preguntado a su madre y esta habría rehecho, una vez más, el relato que había oído en su juventud. De esta forma el nombre de la Hermana Rutan habría pasado de boca en boca, de edad en edad, y su recuerdo viviría todavía entre nosotros, apenas alterado por el tiempo. No es la imaginación o poesía; las tumbas es un hecho de experiencia, ayudan excelentemente a fijar las tradiciones, ya que son ocasión de prácticas que impresionan los ojos y excitan la curiosidad.

Las circunstancias que han acompañado o seguido la muerte de la Hermana Rutan no eran de naturaleza para fijar la atención sobre su martirio. Arras ha dado cuatro Hijas de la Caridad en el cadalso. Valenciennes once ursulinas, Compiègne dieciséis carmelitas, Orange veintiocho sacramentinas y cuatro ursulinas, etc., estas ejecuciones, por en número de las religiosas unidas para recibir juntas el bautismo de la sangre, impresionan de otra forma que la muerte de una sola religiosa, hecho muy frecuente durante la gran Revolución.

Estará bien añadir que la Hermana Rutan murió en una ciudad pequeña. Cuando la población es reducida menos ocasiones hay de encontrar relatos manuscritos o libros impresos que traten de los acontecimientos locales. Sor Rutan es también del número de los guillotinados del Terror cuyo dosier se ha perdido. ¿Donde están los papeles confiscados en su oficina por el comité de vigilancia? ¿Dónde se encuentra el proceso verbal de su interrogatorio?

El abate Légé y Dampnier de Sauvac lo han ignorado siempre y quizáslo ignoraremos nosotros siempre. «Del 21 ventoso al 10 floreal del año II, escribe Berriat Saint-Prix,22 la comisión juzgó a un gran número de personas tanto en Bayona como en Saint-Sever, Dax y Auch. Se han conservado los nombres de sesenta y dos acusados presentes que fueron condenados a la pena capital. De manera que para cantidad de Comisiones revolucionarias de los departamentos los juicios y casi todos los dosiers de este Tribunal han sido robados o destruidos»; esta última hipótesis es probablemente la verdadera.

  1. Las Hijas de la Caridad de Arras, últimas víctimas de J. Lebon en Cambrai, por L. Misermont, Imprimerie Deligne, Cambrai, 1901.
  2. Registro de estado civ de Oloron, «Sanadon acaba de morir, escribe el autor del Compendio; se ignora aún los sentimientos que le han animado en este último m0mento».
  3. B2, nº6.
  4. Una de las últimas paginas contiene estas palabras: «La administración de Dax termina esta memoria para exponer de nuevo a Su Excelencia el Ministro del Interior las pérdidas que ha experimentado por efecto de la Revolución «.
  5. Archivos del Hospital E 3, E 55.
  6. Tenemos este detalle del abate Légé (Les diocèses d’Aire et de Dax sous la Révolution française, t, II, p. ), de la hermana Sophie Charpentier que nació en Metz, de Nicolas Charpentier y de Agathe Leclair (Acta del fallecimiento de Sophie Charpentier, 4 de abril de 1831, archivos municipales de Dax); no era pues sobrina de la Hermana Rutan en el sentido estricto de la palabra.
  7. Registro de la comunidad.
  8. Libro X, La Revolución, Dax, 1869
  9. Las diócesis de Aire y de Dax bajo la Revolución francesa, t, II, p. 9-10 (Aire, 1875).
  10. Las Landas y los landeses, p. 474 (Dax, 1892).
  11. Monseñor Charles-Auguste Le Quien de Laneufville, p. 75-78 (Bordeaux, 1890).
  12. La cruz de Las Landas, 17 de noviembre de 1895 (Dax).
  13. La semana religiosa de Aire y de Dax, mayo 1891.
  14. Huerto espiritual de la Congregación de la Misión, p. 201-205 (Paris, 1880).
  15. T. 58, p. 371-376 (Paris, 1893).
  16. Los representantes del pueblo en misión y la justicia revolucionaria de los departamentos el año II, t. II p. 423-424 (Paris).
  17. La justicia revolucionaria en París y en los departamentos, t, I, p. 322 (Paris, 2ª edición, 1870).
  18. Historia de los obispos de Dax, p. 454 (Dax, 1899).
  19. Las figuras de los mártires (París, 1907).
  20. Una intrépida hija de San Vicente de Paúl, Sor Marguerite Rutan, (Paillart, Abbeville, 1907).
  21. El correo de Dax (diario semanal), 4 de noviembre de 1866.
  22. La justicia revolucionaria en París y en los departamentos t. I, p.318. Tarbouriech, archivista del Gers, que ha escrito la historia de la Comisión de Bayona, nunca ha tenido en la mano los dosiers de los condenados.

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