Margarita Rutan: la Palabra de Dios, luz y fuerza en la vida

Francisco Javier Fernández ChentoMargarita RutanLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Anne Prévost, H.C. · Año publicación original: 2011 · Fuente: Ecos de la Compañía.
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Introducción

Margarita Rutan, H.C.

Margarita Rutan, H.C.

En 1756, Margarita Rutan entra en la Compañía de las Hijas de la Caridad para estar presente en los lugares donde la vida es precaria y está amenazada, para servir y estar cerca de los que sufren y de aquellos a quienes la historia margina o excluye. A ejemplo de Cristo, quiere suscitar la vida y la caridad en torno a ella con una dinámica de caridad. Durante unos veinte años, pone al servicio de los más pobres su rica personalidad, su destreza profesional, su creatividad… en diversos lugares.

En 1779, sus superiores le confían el servicio de una comunidad en el hospital de Dax (Francia). A lo largo de diez años, Margarita y sus Hermanas van acrecentando su amistad fraterna con toda la población de la ciudad que les da muestras de consideración, respeto y admiración.

En 1789, comienza un período de disturbios, la Revolución, que conmocionará profundamente al país y afectará personalmente a Margarita, haciéndole conocer el sufrimiento y la muerte. Su fidelidad a Cristo y a la Iglesia la llevó al martirio. En efecto, la vida de Margarita estaba profundamente arraigada en la persona del Cristo y en su Palabra. Cada día, al escuchar la Palabra, experimentaba el amor de Dios que iba modelando su ser en profundidad y le impulsaba a servir como Él.

  1. A ejemplo de Cristo, Servidor de sus hermanos, que se arrodilla para lavarles los pies, Margarita da su vida para servir a los pobres, a los enfermos y para construir la fraternidad con todos.
  2. A ejemplo de Cristo, Servidor de la voluntad del Padre, Margarita orienta toda su vida teniendo como referencia el Evangelio, con el único deseo de cumplir la voluntad de Dios.
  3. A ejemplo de Cristo, Servidor Sufriente, despreciado y perseguido, Margarita se abandona totalmente en las manos de Dios. Durante la tormenta revolucionaria, demostró su amor hasta el extremo.

I – A ejemplo de Cristo, Servidor de sus hermanos, Margarita da su vida para servir a los más pobres y construir la fraternidad con todos

» He venido no para ser servido sino para servir » (Mc 10, 45)
» Amaos unos a otros como yo os he amado… vosotros seréis mis testigos « (Jn 13, 34-35)

El proyecto de Dios

El proyecto de Dios es recapitular todas las cosas en Cristo, reunir a todos los hombres en la misma comunidad de hijos e hijas, por la adopción que nos hace y por tanto construir una comunidad universal de hermanos. Somos todos hermanos y hermanas. Es lo que dice Jesús cuando habla del Reino de los cielos. La respuesta a la llamada del amor se hace humilde servicio para que el otro crezca y sea, a su vez, capaz de amar: » si alguno quiere ser el primero, que sea el último y el servidor de todos«. Es lo que Margarita trata de vivir.

El hospital de Dax

En el hospital de Dax, Margarita se entrega totalmente al servicio de los enfermos y de la comunidad de la que es la responsable.

A imitación de Cristo atento a cada persona y compasivo ante todo sufrimiento, Margarita comparte las alegrías, las esperanzas, las tristezas, las angustias de las personas que encuentra y de aquellas con quienes vive. Mantiene relaciones de cercanía y de reciprocidad. Es, entre todas ellas, como un enlace que favorece una vida de comunión.

A imitación de Jesús que cura a la suegra de Pedro, a los leprosos, a los ciegos y a todos los enfermos que le presentaban («le trajeron a Jesús a todos los enfermos-… y curó a muchos» Mc 1, 32-34), Margarita acoge a los enfermos con profundo respeto y los cuida con competencia. Conmovida en lo más profundo de sí misma, dice unas palabras y tiene unos gestos que alientan dando fuerza y valor para seguir adelante.

A imitación de Jesús que sale al encuentro de las personas marginadas de su tiempo, Margarita se atreve a acoger, en un servicio del hospital, a jóvenes embarazadas y abandonadas por la sociedad, les ayuda y acompaña, siendo así que, en aquella época, no era precisamente esa la norma. También se hace cargo de la educación de los niños de la calle, despliega su creatividad y hace construir para ellos dos pequeñas clases. Quiere suscitar la vida en todas sus dimensiones: física, psicológica, intelectual, afectiva y en primer lugar y ante todo, la vida en lo que tiene de más elemental, en lo que se necesita cada día para vivir sencillamente, con dignidad humana.

A ejemplo de Jesús que envía a sus discípulos en misión, estimulándolos a ser agentes de evangelización, Margarita moviliza todos sus recursos humanos y espirituales para animar el establecimiento hospitalario de Dax. Sensibiliza a la gente y solicita la generosidad en torno a ella. Impulsa unas relaciones de colaboración que crean un clima de Evangelio en medio de ellas. Como recibe muchos donativos, los pone esmeradamente al servicio de los enfermos para mejorar la calidad de su vida: por ejemplo, hace que les traigan del departamento de Somme (región de Picardía) sábanas para las camas y, de otra región de Francia, cortinas para las habitaciones de los enfermos.

A imitación de Cristo totalmente orientado hacia el Padre e invadido por su amor, Margarita saca luz y fuerza de la Eucaristía diaria, de la oración y la meditación de la Palabra de Dios. Su relación con Cristo es primordial. Guardando en su corazón aquellas palabras: «Todo lo que hagáis al más pequeño de mis hermanos, a mí me lo hacéis», puede dejar a Dios » presente en la capilla « para encontrarlo » presente en el corazón y en la vida de los que sufren»

II – A ejemplo de Cristo, Servidor de la Voluntad del Padre, Margarita orienta toda su vida teniendo como referencia el Evangelio.

» El Hijo no puede hacer nada por sí mismo sino solamente lo que ve hacer al Padre; lo que hace el Padre, lo hacer igualmente el Hijo» (Jn 5, 19)
» Yo no he venido para hacer mi voluntad sino la voluntad del Padre »
(Jn 6, 38)

1789: principios de un periodo turbulento que va a perturbar la vida de la comunidad

Al comienzo de la revolución francesa se vota la ‘Constitución civil del clero’ que prevé someter al clero a la autoridad de la Nación, separándolo así de la autoridad del Papa. En adelante, los obispos y los curas serán elegidos por la Nación, por tanto están obligados a prestar juramento a esa Constitución. Algunos aceptan prestar el juramento, otros se niegan y se hacen culpables de lesa nación, al mismo tiempo se excluyen del nuevo orden político.

8 meses más tarde, el papa Pío VI condena esa ‘Constitución civil del clero’. Los católicos ahorase ven hostigados por los partidarios de la Revolución. El obispo de Dax, Mons. de Laneufville se niega a prestar el juramento y es reemplazado por un obispo juramentado llamado Pierre (Pedro) Saurin.

Muy pronto visita el hospital, decide tomar la presidencia de la administración económica del mismo y nombra un nuevo capellán, un sacerdote que había prestado el juramento a la Constitución.

Margarita rehúsa esta Constitución, insensible a las amenazas de Pedro Saurine. Quiere permanecer fiel a Jesucristo y a la Iglesia, consciente de que hay hacer ciertas opciones y adoptar determinadas posturas: no comunicarse con el sacerdote no juramentado y, por consiguiente, privación de los sacramentos, salvo cuando el abate Lacouture, capellán legítimo del hospital, reaparece en Dax bajo todo tipo de disfraces.

Como Hermana Sirviente, Margarita es consciente de la necesidad de sostener a sus Hermanas para que puedan resistir al peligro del momento y tomar las decisiones que sean conformes con su vocación, contemplando diversas alternativas.

¿Cuál es la Voluntad de Dios en estos tiempos turbulentos?

El hecho de creer en Dios no da la solución a todos los problemas que plantea la vida. No encontramos en la Sagrada Escritura un sentido de la voluntad de Dios preciso, especialmente para una u otra persona determinada, ni en función de una u otra situación concreta. La voluntad de Dios es hacer que se establezca Su Reino, construir la fraternidad universal. La voluntad de Dios es desear que esta comunidad de hermanos y de hermanas se establezca allí dónde nos encontramos.

El discernimiento comunitario

El discernimiento que Margarita lleva a cabo junto con sus Hermanas no consiste pues en buscar el proyecto personal que Dios tiene sobre ellas sino en reconocer lo que puede colaborar a la construcción de ese Reino de hermanos. El camino a recorrer en la situación de tormenta revolucionaria deben inventarlo ellas, ejerciendo su libertad de la manera más fecunda.

En la situación que les toca vivir, las Hermanas se plantean los interrogantes esenciales acerca de la fidelidad a su vocación y a su deber de estado: «¿qué debemos hacer para continuar construyendo el Reino y sirviendo a los pobres, sabiendo que, en este contexto particular, las decisiones que vamos a tomar pueden llevarnos a tener que seguir a Cristo en su Pasión «.

Margarita sabe que toda decisión es del orden de un acto de fe con el que se abandonan determinadas certezas en las manos de Dios. Margarita debe también poder aceptar que algunas de sus Hermanas puedan tomar lealmente otras decisiones. Las Hermanas, recordando la orientación fundamental de la Comunidad, deciden quedarse juntas para servir a Cristo en los pobres y continuar haciendo crecer el amor de Dios, ante la violencia y el odio.

El 1 de enero de 1792, la circular de la Superiora general, Madre Deleau, sirve para confirmar su decisión de vivir las tribulaciones con valentía y perseverancia.

En febrero de 1792, una orden del Directorio del departamento de las Landas ordena que todos los sacerdotes no juramentados que residan en Dax sean expulsados de allí. Las Hermanas se sienten amenazadas en estos tiempos en que la religión se ha convertido en un crimen.

La situación se hace inquietante

En abril de 1792, el clima se endurece y la violencia se intensifica. El poder decreta la supresión de todas las congregaciones religiosas pero no se nombra expresamente a las Hijas de la Caridad. Al agravarse la situación, la Madre Deleau aconseja que se queden donde estén el mayor tiempo posible, pero hay que preparar la distribución de la ropa para el caso en que hubieran de separarse.

Margarita decide preparar de antemano paquetes de ropa y lo necesario para cada Hermana por si las amenazas se hiciesen demasiado peligrosas. Podemos suponer fácilmente los sentimientos de dolor y de inquietud que hubieran podido llevar a las Hermanas al desaliento, a replegarse sobre sí mismas y desear marcharse de allí. El miedo a sufrir y a morir pueden hacer difícil su relación con Dios y con los demás, suscitando alternativamente el deseo de ser fieles a Cristo y el de salvar su vida.

Por la noche del 3 al 4 de junio 1792, ante un rumor siniestro, las Hermanas deciden trasladar sus efectos particulares a casa de personas amigas. Por desgracia, las ven. Al día siguiente, los medios revolucionarios las acusan de haber robado el hospital y de querer abandonar a los enfermos. Las Hermanas viven la humillación de ser acusadas falsamente, acordándose de que Jesús también fue acusado injustamente. Sigue una encuesta minuciosa sobre este asunto. Después de varias inspecciones, el Directorio del distrito de Dax decide mantener a las Hermanas ya que las encuestas prueban que son de un comportamiento irreprochable. El asunto queda zanjado. Pero los acontecimientos evolucionan. El clima se endurece y se aplican nuevas medidas.

La situación se hace peligrosa. ¿Hay que irse o hay que quedarse?

El 18 de agosto de 1792, un decreto disuelve la Compañía de las Hijas de la Caridad, por tanto las Hermanas ya no tienen existencia legal. Este acontecimiento estremece a Margarita y a sus Hermanas. Ahora el interrogante se plantea con más insistencia: » ¿Podemos continuar siendo fieles a nuestra vocación?».

Margarita sin duda invitó a las Hermanas a orar y a dar después su opinión sobre esta nueva situación. Las Hermanas reflexionan juntas y tratan de escoger lo mejor a la luz de la Palabra de Dios. ¿Qué palabra? No lo sabemos, pero podemos imaginar que se acordaron de las palabras de Jesús:

«no hay amor más grande que el dar la vida por sus amigos «, y también » quien no tome su cruz y me siga no es digno de mí. El que quiera salvar su vida la perderá y que pierda su vida a causa de mí la salvará » (Mt 10, 38) y también «El que mire hacia atrás no es digno de mí».

Después de haber oído la opinión de unas y otras, la oración permite a cada una dejarse guiar por el Espíritu Santo y desear quedarse juntas para continuar hasta el fin su servicio a los enfermos, sin saber lo que ese «hasta el fin» iba a suponer. Sin buscar su interés personal, deciden constituirse en una especie de asociación laica bajo el nombre de » Damas de la Caridad «, con el fin de permanecer fieles a su vocación. Cambiarán sencillamente su «corneta» (toca) por un sencillo pañuelo que cubrirá sus cabellos.

El Terror

En septiembre de 1792, el gobierno revolucionario decide la abolición de la realeza y proclama la Primera República. Es un acontecimiento importante para el país que, desgraciadamente, conduce a una serie de masacres. Es el principio del Primer Terror. Los tiempos son duros, la gente tiene miedo, los enfermos son muy numerosos; a pesar de los peligros que corren, las » Damas de la caridad « continúan realizando su servicio, de manera irreprochable, hasta el año siguiente.

En junio de 1793, el poder pone en marcha una política de represión que instaura un nuevo período de Terror, más largo esta vez ya que durará un año entero. Las desgracias azotan el país. Primero París y después la ciudad de Dax, entra, a su vez, en este ciclo espantoso de violencia. ¿Cuál es el futuro de Margarita y de sus Hermanas?

Los últimos Meses de la Vida de Margarita

En este clima opresor, Margarita sigue siendo una mujer libre, su libertad consiste en servir a los pobres, su fuerza es la del don total de su persona a ese servicio. No busca ningún pretexto para esconderse, ni astucias para salvar su vida; no busca el sufrimiento pero no lo rehúye sistemáticamente. Su testimonio lleva a sus Hermanas a hacer lo mismo, Margarita les ayuda a vivir un amor más fuerte que el apego a sí mismas, las anima a los mayores sacrificios: » no hay amor más grande que el de dar la vida por sus amigos».

El 17 de septiembre de 1793, la terrible ley de los sospechosos exige denunciar a todos los «enemigos» de la República, es decir los aristócratas y los católicos. Es la puerta abierta al desencadenamiento de las pasiones más anticlericales: denuncias arbitrarias, juicios sumarios, detenciones ilegales, persecuciones sangrientas.

Margarita mantiene una gran libertad interior. Su amor es clarividente y no elude su responsabilidad de Hija de la Caridad entre los enfermos. Continúa dando pruebas de un coraje apostólico que se apoya en el ejemplo de Jesús que dio su vida por sus hermanos.

El 3 de octubre de 1793, una nueva ley obliga a todas las ex-congregaciones religiosas femeninas a prestar el juramento de fidelidad a la Nación, bajo pena de revocación.

Margarita no quiere pactar con el error. En ella, no hay medias tintas, ni tibieza, ni relajamiento, ni componendas. No merece el reproche que el Ángel había hecho a la Iglesia de Laodicea: » conozco tus obras, no eres frío ni caliente. Pero porque eres tibio y no frío o caliente, voy a vomitarte de mi boca « (Ap. 3, 15-16). Al contrario, Margarita da pruebas no sólo de vigor sino también de rigor. Diríamos incluso que su decisión de permanecer fiel a su vocación refuerza su comportamiento, tónica que se caracteriza por una adhesión más fuerte a Cristo y un amor más generoso a los hermanos. En efecto, Cristo, verdaderamente humano para los demás, lo fue de modo excepcional hasta el extremo de su humanidad.

III – Siguiendo a Cristo, Servidor Sufriente, despreciado, perseguido, Margarita se abandona totalmente en Dios.

» Mi vida, nadie la toma, soy yo quien la doy « (Jn 10, 18)
» Os llevarán ante los gobernadores y ante los reyes a causa de mi» (Mt 10, 18)

El 5 de octubre de 1793, llega a Dax, Pinet, un jefe revolucionario extremadamente anticlerical. Viene a hacer que la persecución religiosa llegue al colmo. La postura de Margarita (su negativa a prestar juramento a la Nación) y su fidelidad inquebrantable a la Iglesia católica atizan el deseo del jefe revolucionario de deshacerse de ella. Pero hay que buscar un motivo, porque goza de un gran prestigio entre la población de Dax.

El Arresto de Margarita

A finales de diciembre de 1793, se inventan un motivo para detenerla y llevarla a la cárcel.

El 24 de diciembre 1793, Nochebuena, Margarita se prepara para acoger la venida del Señor, el príncipe de la Paz. El mismo día, miembros del Comité de vigilancia, armados, entran en el hospital. Margarita comprende la gravedad de la situación.

En este momento, Margarita piensa en el arresto de Jesús en el huerto de los olivos: » ¿por qué venís a detenerme como a un bandido?ésta es vuestra hora « (Lc 22, 52-53).

Y, asiéndola, la llevan para juzgarla y condenarla. Al verse víctima de la violencia y de la mentira, Margarita revela la profundidad de su ser. En la cárcel, entra libremente en su pasión. Su fuerza para resistir toda forma de desaliento, demuestra cómo vive ese tiempo de prisión con fe y lucidez meditando sobre lo que está viviendo a ejemplo de Cristo en su Pasión. Cree en la sola fuerza del amor. Dios puede hacer surgir la vida misma del sufrimiento, incluso de la muerte, porque Él mismo pasó por el sufrimiento y la muerte. Si parece ausente, es porque utiliza las armas del amor y porque esas armas son irrisorias ante el desencadenamiento de la violencia. Esta debilidad de Dios es un escándalo, pero esta debilidad es más fuerte que la sabiduría de los hombres.

El Proceso

La vida de Jesús termina con un proceso injusto, la de Margarita va a conocer el mismo final.

El 15 de enero de 1794, el tribunal revolucionario hace comparecer a » la señora Rutan, de 57 años» para un proceso.

Margarita avanza por la sala del tribunal, llevada por hombres violentos y sufre sus invectivas y su desprecio. Objeto de burla y de calumnia, bajo el poder de hombres sin escrúpulo, Margarita pierde todo prestigio.

Las actitudes violentas y los rostros llenos de rabia de sus adversarios exaltados recuerdan la escena de los ultrajes perpetrados a Jesús ante el Sanedrín, en la noche del jueves al viernes: » Los hombres que lo guardaban, se burlaban de él y lo maltrataban… proferían contra él muchos insultos». Los evangelistas nos describen el rostro de Jesús humillado e impotente, desprovisto de todo prestigio, donde se nos revela el misterio del Amor infinito de Dios.

En su requisitoria contra Margarita, el tribunal le reprocha haber tratado de corromper a soldados de la República y hacer propaganda contra-revolucionaria. Así como Jesús fue acusado de ser un agitador político, Margarita, a su vez, se ve denunciada como antirrevolucionaria mientras que el verdadero motivo de su detención es una razón religiosa, es decir, su fidelidad intrépida a la Iglesia, lo que, indirectamente, ponía en tela de juicio la autoridad civil del momento.

Al verse condenada, Margarita calla, a pesar de su brillante inteligencia que le hubiera permitido defenderse. En aquel momento, está sola, absolutamente sola.

Vive lo mismo que Jesús vivió ante Pilatos. «Y Jesús callaba « (Mt 26, 63). Su silencio no es debilidad sino la llamada a unirse más a Dios su Padre y, al mismo tiempo, a los hombres, sus hermanos. En este silencio, Jesús repite sí al Padre: » Sí, Padre, revelaré tu Amor; mi sufrimiento y mi muerte revelarán la profundidad de tu Amor«.

Así, Margarita guarda su libertad, no la de huir, sino la libertad que va más lejos, quebrantando la cerrazón de la violencia y de la injusticia.

La Cárcel

Durante tres meses, Margarita soporta la prueba de la prisión en condiciones difíciles. El poder de los enemigos parece ir aumentando y la tentación de traicionar surge a menudo en el momento en el que trata de adherirse al sufrimiento. El miedo a sufrir llena sin duda su corazón de un gran desconcierto. Si Cristo expresó este grito de temor: » ¡pase de mí este cáliz! «, es fácil suponer que Margarita hubiera expresado su miedo como mujer, orando con estas mismas palabras. Pero el testimonio dado el día de su muerte prueba que permaneció sumisa a la voluntad del Padre, diciendo como Jesús: » ¡Hágase tu voluntad!». Aunque hay un largo tiempo entre estos dos momentos de oración, el grito humano de Margarita fue también una oración de confianza.

Sin duda dejó resonar igualmente en su corazón la Palabra de Dios dirigida a Pablo: » yo mismo le mostraré todo lo que habrá de sufrir por mi nombre « (Ac 9, 16). Antes que Margarita, Cristo con su Cruz le muestra el camino: «el discípulo no es mayor que su Maestro». Del corazón de Cristo crucificado sacó Margarita su fuerza y resistió a la desesperanza. Su coraje, unido a su confianza en Dios, le da la gracia de vivir lo que tiene que vivir. Irradiando la fuerza del amor, difunde una atmósfera de serenidad que no se puede explicar; no pierde ocasión alguna para consolar a otras mujeres encarceladas, para reconfortarles, sostenerles y ayudarles a mantener la confianza en Dios.

El 1 de marzo de 1794, Margarita se entera de que las Hermanas de la Comunidad (Margarita Nonique, 48 años; Juana Chânu, también 48 años, Felicidad Raux, 32 años, Margarita Bonnette a quien llamaban Sor Victoria, 29 años; Anne Sofía Charpentier, 25 años, Josèphe Devienne y Juliana Bariotte)han sido encarceladas, excepto la más antigua que debe quedarse para dirigir el hospital. Presentes en la misma cárcel (Convento de los Carmelitas), las 7 Hermanas están alejadas de su superiora. Al enterarse de la noticia, Margarita rezó sin duda por ellas a la Virgen María, mientras meditaba los misterios dolorosos.

La Prueba de la Muerte con el Perdón en el Corazón

El 9 de abril de 1794, Margarita es condenada a muerte con ejecución inmediata. Atada espalda con espalda con el abate Lannelongue, Margarita es conducida en carreta hasta la plaza Poyanne donde habían colocado el cadalso.

Durante el trayecto, con la mirada vuelta hacia el Cielo, Margarita mantiene una calma y un valor asombrosos, deseando solamente dar testimonio de la grandeza de Dios y de la Iglesia.

Así pues, su vida termina como la del Servidor Sufriente, descrito por Isaías: » como un cordero llevado al matadero, no abría la boca». En estos instantes terribles, Margarita no pronuncia crítica, ni palabra rencorosa, permanece digna y respetuosa con sus verdugos, unida a Cristo que, en medio de la violencia, amó a los hombres hasta el extremo, siendo el hermano de todos: » Padre, perdónales porque no saben lo que hacen».

Se dice que Margarita subió al cadalso cantando el Magníficat. Es posible, ya que es una oración familiar que conoce de memoria. En aquel momento dramático, entrega su vida en las manos del Padre, a ejemplo de Cristo Sufriente con la seguridad de que el Padre no le abandona: » Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Justo antes de morir, «se encomienda» a Dios, hace un acto de abandono en el Padre, segura de que es Amor y que al final brillará la luz pascual de la Resurrección. Cree que al atravesar el umbral angustioso de la muerte, encontrará a Cristo que la introducirá en la casa del Padre. La última palabra de Margarita sigue siendo una respuesta a la llamada del amor.

Margarita no buscó el martirio, murió porque fue fiel a su vocación; murió porque, en las circunstancias en que se encontraba, no podía vivir su vocación sin afrontar la muerte; para librarse de ella, hubiera debido renunciar a su pertenencia a Cristo y a la Iglesia, Esposa de Cristo. El martirio de Margarita es la respuesta de la esposa al martirio del Esposo, es la firma de toda su vida.

Conclusión

» Felices los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos» y » Felices seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos(Mt 5, 10 y 12)

» Pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros» (Mt 5, 12).Esta bienaventuranza, Margarita la vivió hasta el extremo.

Margarita nos ofrece con su vida un testimonio radical del Amor según el Evangelio. Nos hace profundizar las cosas, nos enseña a amar hasta el extremo.

Por su perseverancia en vivir sus compromisos, cualesquiera que sean las circunstancias, es un modelo que renueva nuestro valor para los días y las horas difíciles.

Frente a las situaciones de injusticia para con nosotros, podemos oponer la actitud del amor y de la no violencia; frente a las múltiples formas de violencia, podemos resistir mediante la entrega de nosotros mismos y mediante el perdón, la expresión más alta del amor de Dios.

Su fidelidad inquebrantable a la Iglesia nos interroga sobre nuestra solidaridad con Ella.

El testimonio de Margarita nos hace pensar en los millones de otros mártires cristianos de todos los continentes. Ayer u hoy, dan testimonio de la actualidad y de la fuerza de Cristo que amó a los suyos hasta el extremo.

Y si no se nos pide morir como mártires, podemos morir a nosotros mismos y dar nuestra vida día tras día, minuto a minuto, en nuestra vida cotidiana, a imitación de la Virgen María, Ella que recorrió la peregrinación de la fe hasta la oscuridad del Calvario.

Sin embargo en medio de las pruebas de su vida, la alegría evangélica inundó su corazón, y supo repetir cada día: «Mi alma exalta al Señor, mi espíritu exulta en Dios mi salvador» y pasar de la lamentación a la glorificación de Dios.

Bienaventurada Margarita Rutan

Bienaventurada Margarita, tú pusiste tus pasos tras las huellas de Jesús, el Testigo fiel hasta el extremo del amor al Padre.

Bienaventurada Margarita, tú viviste una cercanía fraterna con todos.

Bienaventurada Margarita, tú hiciste la opción preferencial por los pobres con un amor incansable para responder a las nuevas llamadas.

Bienaventurada Margarita, tú amaste y serviste a los enfermos, día tras día, año tras año, hasta el fin de tu vida.

Bienaventurada Margarita, tú te acercaste a los enfermos con mucho respeto y mucha fe, viendo en cada uno a un hermano, imagen viva de Cristo.

Bienaventurada Margarita, tú escogiste la dulzura y la serenidad de los fuertes, renunciando al poder del odio y de la venganza.

Bienaventurada Margarita, tú viviste la generosidad del perdón hasta la muerte.

Bienaventurada Margarita, tú eres para nosotros un faro en la tempestad, que da testimonio de la grandeza del hombre y de la grandeza de Dios.

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