Marc-Francois Bourgeat (1711-1790)

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

CREDITS
Author: Desconocido · Translator: Máximo Agustín, C.M.. · Year of first publication: 1903 · Source: Notices, V.
Estimated Reading Time:

Nacido en Saint-Claude, en la diócesis de Lyon, el 19 de agosto de 1711, el Sr.  Marc-François Bourgeat fue recibido en el seminario de la Congregación de la Misión en Lyon, el 13 de agosto de 1728. Hizo los votos el 14 de agosto de 1730.
En su Circular del 1º de enero de 1791, el Sr. Cayla decía: «Es uno de nuestros cohermanos que ha concluido su carrera en la casa de San Lázaro, y sobre quien no me perdonarían ustedes que guardara silencio: Quiero hablar del Sr. Marc-François Bourgeat. El recuerdo de sus virtudes vive en todos los corazones, su nombre  nos trae a la memoria  la idea de un santo sacerdote y de un perfecto misionero. Lleno de espíritu y de talentos habría ido lejos en las ciencias, si la debilidad de su visión no le hubiera forzado a interrumpir la enseñanza a la que había sido dedicado en su juventud. La Providencia le llamaba a otro género de trabajo; a ella se dedicó durante cincuenta años con un valor  superior a todas las dificultades, y ha demostrado una prudencia que se ha coronado con los más felices éxitos. Las Hijas de la Caridad, de quienes ha sido el Padre y el director durante tanto tiempo, honran su memoria con su agradecimiento y su pesar».
En el relato del pillaje de la casa de San Lázaro por los revolucionarios, perpetrado, el 13 de julio de 1789, el Sr. Jauffret hace mención del respetable Misionero el Sr.Bourgeat, ya anciano y enfermo. Se sabe que la casa-madre de las hermanas estaba situada en Paris enfrente de la casa de San Lázaro.
«Durante el ataque de los bandidos a San Lázaro, escribe Jauffret, se dejaban oír gritos espantosos contra las Hijas de la Caridad. Se las acusaba de estar en connivencia con  los misioneros y las amenazaban con hacer una próxima irrupción en su asilo. Su casa, lugar principal de las Hijas de la Caridad, estaba en ese momento compuesta de ciento cincuenta hermanas, entre las cuales se contaban cincuenta como inválidas. Eran ellas las que,  después de consagrar su vida entera al servicio de los pobres, habían caído en las enfermedades de la ancianidad. La Comunidad las llamaba a esta casa donde recibían de sus hermanas los cuidados que ellas ya no estaban en condiciones de prestar a los pobres. Las postulantes eran en número de noventa y ocho, desde los dieciséis  a los veinte años. Se ve lo que se debía temer por estas jóvenes, al entra resta multitud furiosa que no esperaba más que la señal para romper todas las puertas. Las hermanas no se ocultaban la extensión de su peligro y pedían ardientemente al Señor como su única salvaguarda.
«A las cinco y media de la mañana,  uno de los directores había podido salir de San Lázaro y entrar en casa de ellas para celebrar las santa misa, pero no había salido de allí.  Las siete, tres o cuatro bandidos llamaban a la puerta, anunciando al Sr. Bourgeat,  a quien traían sin conocimiento y en su sillón, de la casa de San Lázaro. Al entrar en su habitación, estos bandidos  se habían impresionado por el respeto a la vista de este venerable anciano completamente paralizado, y habían accedido a la propuesta del enfermero de trasladarle a la casa de las hermanas.
«Mirad, decían a los demás agentes, mirad el Padre de las Hijas de la Caridad, dejadle en paz «. Al entregárselo a las maestras de las novicias: «Este es vuestro Padre, les dijeron, cuídenlo bien; les traemos su mobiliario, su sombrero, su bolsa «; y al marcharse añadieron que no tenían nada que temer en cuanto a las hermanas: «No nos han pagado por ustedes, dijeron, sino por san Lázaro». Las maestras de las novicias mismas lo han contado. Cuando llegaron estos tres bandidos, las hermanas se habían creído que venían para apoderarse  de su segundo director, el Sr. Sicardi, que se había refugiado en la capilla y ocultado en un confesionario. Pero se volvieron enseguida a continuar sus destrozos en San Lázaro, sin informarse de lo que pasaba en la casa de las hermanas». -Voy. Annales de la Mission, t. 74, p. 148.
Antes, el Sr. Bourgeat había sido secretario general de la Congregación de la Misión; estaba presente por este título en la asamblea sexenal de 1780 y en la asamblea general del 1786.
El elogio que el Superior general, el Sr, Cayla, ha trazado del Sr. Bourgeat se termina con estas palabras: «Su piedad  era amable, su igualdad perfecta, y si trato lleno de encanto. Ha conservado una dulce alegría hasta los últimos momentos. A pesar del cansancio, la repugnancia, el disgusto que le debía causar el entumecimiento de sus miembros, que le ha retenido durante dos años en su silla, nunca se le ha oído quejarse, jamás ha mostrado le menor alteración de su rostro. Su final ha sido con el de esos antiguos patriarcas cuya fe y esperanza en los bienes inmortales celebra el Espíritu Santo. Murió lleno de días y de méritos».  – Circulaire du 1er janvier 1791.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *