Magnánimos ante las dificultades

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

CREDITS
Author: Flores-Orcajo · Year of first publication: 1983 · Source: CEME.
Estimated Reading Time:

dificultades

«Sufriendo aprendió a obe­decer y, así consumado, se convirtió en causa de salva­ción eterna para todos los que le obedecen». (Heb 5,8-9).

«Atentos con ánimo humilde y fraternal a las opiniones y necesidades de cada com­pañero, pondremos empeño en superar las dificultades que lleva consigo la vida co­munitaria». (C 24,3).

Como en cualquier familia humana y cristiana, es presumible que también en la comunidad vicenciana surjan sufrimientos, dificultades y pruebas de distinta índole anejas a la vida en común. Según el plan ordina­rio de Dios sobre la comunidad, ningún compañero es­capa totalmente de la prueba; ésta puede provenir, bien de la práctica de los Consejos Evangélicos, bien del roce ordinario con personas de distinto temperamento o carácter, o bien de conflictos entre autoridad y obedien­cia o de los mismos compromisos del trabajo apostólico.

1. «El Señor quiso probar este rebaño».

La magnanimidad es fortaleza de ánimo ante las di­ficultades. Jesús nos da ejemplo de magnanimidad ante los sufrimientos, sobre todo, en la pasión y muerte que sufrió. Teniendo delante de sus ojos este divino mode­lo, San Vicente nos dice:

«El estado de pena y de aflicción no es un estado malo de suyo; Dios nos pone en él para ejercitarnos en la virtud de la paciencia y para enseñarnos la compa­sión con los demás. El quiso probar este estado, para que tuviésemos un pontífice capaz de compadecer nues­tras miserias y de animarnos con su ejemplo a la prácti­ca de esta virtud. Una de las señales más ciertas de que Dios tiene grandes planes sobre una persona es cuando le envía desolación y pena tras pena; el verdadero tiempo para reconocer el provecho espiritual de un alma es el de la tentación y tribulación, ya que como un se porta en esas pruebas, se portará también luego de ordi­nario. En un solo día de tentación podemos adquirir más méritos que en muchos otros de tranquilidad». (XI 755).

2. «El tiempo lo cambia todo».

No se excluye tampoco la posibilidad de que las difi­cultades puedan venirnos de parte de la Jerarquía. En estos casos, San Vicente nos recomienda paciencia y buen ánimo, pues todo pasará:

«Hemos de tener como máxima no extrañarnos nun­ca de las dificultades presentes, lo mismo que si se trata­se de un vendaval pasajero que veremos disiparse con un poco de paciencia. El tiempo lo cambia todo. Si ahora les exigen una cosa que nos les va, tráguenlo man­samente durante unos días; el correr del tiempo les librará pronto de esa sujeción. Dios nos levanta y nos hunde, nos consuela y nos aflige según la disposición que ve en nosotros para aprovecharnos de esas situacio­nes». (III 357-358).

3. «Sea la cruz para vosotros la prueba del amor más grande».

Los conflictos entre autoridad y obediencia crean situaciones reales de sufrimiento a algunos compañeros. de comunidad. En tales circunstancias se nos recomienda el diálogo, la oración y, sobre todo, el recuerdo de la obediencia a Cristo:

«La situación excepcional —entre el juicio de la pro­pia conciencia y el de un superior— comportará alguna vez un auténtico sufrimiento interior, según el ejemplo-de Cristo mismo «que aprendió mediante el sufrimien­to lo que significa la obediencia» (Heb 5,8). Esto se dice para que se comprenda a qué grado de renuncia compro­mete la práctica de la vida religiosa. Debéis, pues, ex­perimentar algo del peso que atraía al Señor hacia su Cruz, este bautismo con el que debía ser bautizado, donde se habría encendido aquel fuego que os inflama también a vosotros; algo de aquella locura que San Pa­blo desea para todos nosotros, porque sólo ella nos hace sabios. Sea la cruz para vosotros, como lo fue para Cris­to, la prueba del amor más grande. ¿No existe quizá una relación misteriosa entre la renuncia y la alegría interior, entre el sacrificio y la amplitud de corazón, entre la disciplina y la libertad espiritual?». (ET 28-29).

  • ¿Me desanimo fácilmente ante cualquier clase de prueba por las que el Señor permite que yo pase?
  • ¿Acudo a Dios y al director espiritual cuando atravieso una etapa de sufrimiento espiritual?
  • ¿Pongo empeño en superar las dificultades que lleva consigo la vida comunitaria?

Oración:

«Señor Dios, refugio nuestro en la tribulación, apoyo en la debilidad, consuelo en el llanto, perdona a tu comunidad y, una vez corregida con los castigos que merece, concédele vivir en la paz de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesu­cristo». (Mro, Votiva para cualquier necesidad).

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *