Luisa de Marillac y los marginados (VI)

Mitxel OlabuénagaLuisa de MarillacLeave a Comment

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  1. ACOMPAÑAR Y MOTIVAR AYER, PARA CONTINUAR EN EL HOY

La motivación humana, espiritual y profesional que trasmitió a las primeras Hijas de la Caridad, a través del acompañamiento diario, logran que el Servicio a los Pobres sea hasta hoy una rea­lidad.

Motivación que Luisa de Marillac trasmitió a las primeras Hijas de la Caridad para que el servicio a los pobres fuera una realidad hasta hoy.

Olvidar el papel de la mujer en el siglo XVII nos haría cons­tatar una imaginaria utópica. La mujer no podía decidir nada.

Luisa observa e intuye que el grupo de personas que están iniciándose en el servicio de los pobres debe ampliarse, orga­nizarse y así se lo hace saber a Vicente de Paúl. Él le contesta con imprecisión y evasión: «En cuanto a lo otro, le ruego una vez para siempre, que no piense en ello, hasta que Nuestro Señor haga ver lo que Él quiere, ya que ahora da sentimientos contrarios …,,.

No tardó mucho Vicente en convencerse de aquella petición de Luisa de Marillac y al finalizar los Ejercicios que hizo en 1633 le escribe: «Creo que su ángel bueno, ha hecho lo que me indicaba en la que me escribió. Hace 4 o 5 días que ha comuni­cado con el mío a propósito de la Caridad de sus hijas, pues es cierto que me ha sugerido con frecuencia el recuerdo y que he pensado seriamente en esa buena obra; ya hablaremos de ella, con la ayuda de Dios el viernes o el sábado, si no me indica antes otra cosa».

El 29 de noviembre de 1633 Luisa recibe a algunas jóvenes, para alojarlas en casa y comenzar la vida en comunidad.

El grupo no tiene estructuras concretas, el parecido fue a lo establecido en las cofradías: Grupo de laicos reunidos para pro­mover una obra de devoción o de caridad.

Luisa y Vicente designan al grupos con términos amplios: el de compañía que indica una agrupación de personas para un fin común, o el de comunidad cuya características es la de vivir juntas.

En el siglo XVII estos términos se podían incluir en sociedad, cofradía o instituto.

Jurídicamente este nuevo estilo de convivencia no encaja demasiado en las tipologías establecidas: No es una orden reco­nocida y de religiosas bien estructurada que vive en un Monas­terio al estilo de la época…

Es a partir de este momento cuando la tarea de Luisa provo­ca, facilita, conserva y motiva el servicio a los pobres de / en las Hijas de la Caridad con las que va vivir y en las Hijas de la Cari­dad del futuro.

El pequeño grupo que ha comenzado junto a Luisa va cre­ciendo poco a poco, y extendiéndose de forma objetiva, solidaria y espiritualmente.

Luisa realizó un acompañamiento permanente; este acom­pañamiento en los inicios sembró la ilusión, la constancia, y el mantener viva la opción del servicio de los pobres,

Acompaña quien se esfuerza por asistir a otro creyente en su fe a lo largo del itinerario a fin de que la persona consiga la libertad.

La motivación de Luisa de Marillac se realiza a través del acompañamiento que de forma integral recoge todos los aspec­tos de la persona: Aspecto fisiológico psicosocial, relacional espiritual y podríamos afirmar también que Luisa es capaz de cubrir el aspecto profesional.

ASPECTOS DESTACADOS

Proceso de selección de las primeras Hijas de la Caridad

¿Todas las personas que llegan a la Comunidad tienen como motivación la vocación?

Seguramente no. No hay que entregar dote, las circunstancias m muy malas en las familias campesinas y en la comunidad está asegurada la comida, la cama…

En poco tiempo Luisa se da cuenta de estas circunstancias y se inicia en las tareas de discernimiento, adoptando criterios y estableciendo normas

«Señorita: Vinieron ayer tres buenas muchachas de Argenteuil, a ofrecerse para la Caridad, enviadas por un eclesiástico a quien se le había hablado de ello… No se las envié a Ud. por que era demasiado tarde, pero irán a verla el viernes, según me dijeron.

«Srta.: En cuanto a esa buena joven de Arguentail, que es melancólica, creo que hace Ud. bien en poner dificultades para recibirla, porque la melancolía, es un extraño espíritu. Creo que ya tiene Ud. bastante para algún tiempo y que debe ejercitarlas mucho en leer y en bordar, a fin de que puedan trabajar en los pueblos.

«En cuanto a esa buena joven que me anunciaba ayer, le ruego que la retenga, si la considera de buen espíritu. Esa entrada y salida de la religión, indica cierta ligereza, en eso conviene que tenga cuidado. Y si hay lugar de recibirla para examinar su voca­ción un poco más de tiempo trate de ello si le parece bien con la Sra. Goussault».

Carta 71. ¿Si recibimos, y cuándo, a las dos jóvenes que se presentan, sobre todo a la de doña Enriqueta? —Cuando le parez­ca a usted oportuno.

Carta 116. «a Sor Turgis: …» No sé qué decirle de las jóve­nes que me dice usted desean ser de nuestra Compañía, sino que tengo bastante temor de los espíritus de esa región; y además, sólo debemos recibir a las que sean muy adecuadas para nuestra Compañía, tanto por lo que se refiere a sus fuerzas físicas, como a sus cualidades de espíritu. Infórmese con más exactitud acerca de ellas y vuelva a escribirme; además, tampoco conviene, de poder ser, que pasen de treinta años, y hay que conocerlas, a ser posible, desde su cuna».

Acompañamiento en las necesidades básicas o fisiológicas

Luisa tiene una excesiva preocupación por que las hermanas se cuiden en sus necesidades más básicas, la salud de las herma­nas, les indica que lleven siempre algo por si necesitan comer y están lejos de su casa. En sus cartas destaca la cercanía huma­na que Luisa manifiesta por todas y cada una de las hermanas en este aspecto. Significativas son las cartas relacionas con la peste y la invitación a tener cuidado.

Acompañamiento en las actividades de carácter psico-social

Luisa favorece y facilita la necesidad de desarrollar las rela­ciones sociales entre unos y otros, la de crear amistades, la de dar y recibir ayuda, la de formar parte de forma integrada en una Comunidad. Luisa ayuda, facilita y potencia estos sentimientos. Comparte sus preocupaciones, las informa de las situaciones familiares, facilita y apoya las relaciones.

Carta 84, a Sor Bárbara Querida Hermana:

«Suplico a Dios de todo corazón que sea su consuelo en esta espera en que se halla usted de saber lo que Él ha dispuesto de su pariente».

Carta 75, a Sor Juana Lepintre «… ‘Mi querida Hermana:

Hace poco he recibido dos cartas suyas de las que me he ale­grado mucho, y también el señor Vicente, a quien he dado a leer una de ellas’.

  1. D. No sé si su tío le habrá escrito; a mí me ha dicho que su padre y su madrastra están bien pero que sus asuntos van mal.

Creo que el molino se ha arruinado otra vez más. He encargado a Sor Turgis que fuera ella misma a verle para tener noticias seguras y también para saber si están necesitados. Usted no se preocupe, conténtese con encomendarlos a Dios; yo le comuni­caré lo que sepa y nosotros cuidaremos de ellos. Que encuentre usted su paz en el deseo de cumplir la santísima voluntad de Dios y en trabajar en su perfección».

Carta 112. A sor Brígida y a Sor Maria: «El señor Vicente ha visto sus cartas, pero no aprueba el calificativo de ‘Reverenda Madre’. ¡Ah! Hermanas, no nos va a nosotras el usar semejantes expresiones, por eso les ruego que hablen con más llaneza».

Carta 160, a Sor Juana Lepentre

«P. D. Saludo a todas nuestras Hermanas, en general y en par­ticular y las abrazo de todo corazón; he escrito a Sor Hellot, a Sor Juana Delacroix y a alguna más… que ha sido Sor Tourneton y me he quejado a Sor Ana de que no me ha escrito nada. Estoy segura de que Sor Luisa querrá escribirme, y unas letritas de su mano me darán mucho consuelo. Y Sor Anita podría añadir algo de palabra. Y Sor Margarita de Vienne… voy a renunciar a ella si no me escribe también unas letras. Hoy mismo hubiera deseado poder enviarle una buena ración de melón para su comunidad. Y usted, Sor Francisca, ¿ha recibido Sor Ana toda la arena que le han enviado para sus palomas?»

Carta 155. A nuestras Hermanas

«…Supongo que Sor Margarita habrá regresado ya de Angers; le ruego, Sor Juana, que después de que haya descansa­do, haga usted que empiece los ejercicios espirituales con algu­na otra que lo desee. A Sor Juana Fouré la enviará usted al hos­pital de los Niños para que desempeñe las funciones de enfermera con Sor Juana Bautista y dará usted una de las dos Hermanas que están con Sor Antonia a Sor Vicenta; la desea, y que piense que las señoras no se molestan porque se las cambie con tanta frecuencia. Es sólo porque no sabe leer y esto la hace sufrir; pero si puede esperar hasta que yo regrese, tanto mejor; entonces, da usted esa Hermana a Sor Fénix, en San Nicolás. Me gustaría que Sor Rosa esperase nuestro regreso para hacer los Ejercicios, porque es un poco escrupulosa y hay que atenderla de manera distinta a las demás».

Acompañamiento en el conocimiento y consciencia del nivel racional-espiritual

Luisa de Marillac ayuda a que las hermanas se enfrenten al conocimiento de la verdad, a vivir en profundizad, a saber llamar a cada cosa por su nombre, a no juzgar por apariencias, a no criti­car sin fundamento, a buscar los valores morales y espirituales por encima de otras actitudes, a descubrir cómo y porqué el deseo de servir a los pobres tiene que sostenerlo Dios mismo, la invitación a que cada una se conozca a sí misma, sus cambios, sus deseos, sus verdaderas motivaciones, su verdadera vocación, el profundo deseo de servir a los pobres radicalmente y en fidelidad.

Luisa de Marillac, no se preguntó por la eficacia de su tarea en términos de rentabilidad económica o de rentabilidad huma­na. Luisa gastó su vida en servir a los pobres directamente siem­pre que pudo o en acompañar motivando constantemente a las Hijas de la Caridad para que nunca dejasen este servicio, y a pesar de la complejidad que esto generó, y las dificultades que experimentaron, las invitó siempre a vivirlo con fidelidad y actualidad. Lectura de algunas cartas.

Acompañamiento en las tareas profesionales

En Luisa, la formación es excepcional a todos los niveles, es por ello uno de los aspectos a destacar de Luisa de Marillac en el acompañamiento diario, Les explicó técnicas profesionales, las enseñó a leer y a escribir, las enseñó el catecismo, enseñó medios y métodos para orar, para servir a Dios sirviendo a Jesucristo, todo esto, fue motivo importante de seguridad en el trabajo, de confianza en sí misma y en el amor que Dios las tenía a pesar de las dificultades.

Carta 71. «¿Será conveniente que hable a la señora Lote de la necesidad que vamos a tener de su habitación si todos los niños, con sus nodrizas, vienen aquí? Hace cerca de un mes que no la ocupa porque no se le han puesto contraventanas».

—Hará usted bien.

Carta 140. A las hermanas de Serqueaux. Mis queridas Hermanas:

«…Dios sea bendito por la gracia que les ha concedido con­servándolas en su viaje! Les aseguro que las compadecemos, aunque hay muchos que las envidian por el servicio que prestan ustedes a Dios. Si pueden ir a Beauvais sin desviarse demasiado, será bueno que hablen con ese excelente hombre de Iglesia y aprendan de él la receta que pueden ustedes hacer. Tengan cuida­do porque todas las fístulas no proceden de la enfermedad malig­na, y aun cuando se tropiecen con algunas que sí procedan, puede haberlas por otras causas».

Carta 28. A Sor Isabel Martín. Mi querida Hermana:

«Tomo parte de todo corazón en sus sufrimientos y alabo amorosamente a Dios por el ánimo que su bondad le comunica. Me parece que si dejara usted los medicamentos y tomase mucha agua buena, estaría usted mejor. Quédese en paz por lo que me dice; renueve sus buenos deseos y crea que delante de Dios la cosa vale como si estuviera hecha. Me encomiendo a sus oracio­nes y a las de todas nuestras Hermanas y soy, querida hermana, su afectísima hermana y servidora».

Acompañaba siempre y a pesar de todo

La relación personal entre Luisa de Marillac y las Hijas de la Caridad favoreció el crecimiento gradual de la vocación elegida de servir a los pobres, porque sirviendo a los pobres se sirve a Jesucristo.

Logra que el sentimiento y el sentido de pertenencia se viva desde todos y cada uno de los lugares donde trabajan las Hijas de la Caridad.

Algunos ejemplos CLAVES de acompañamiento

Dialogar con todas las hermanas en general a través de la correspondencia o con entrevistas para atender sus expectativas y necesidades, atendiendo al diferente ritmo de de cada una de ellas.

Ayudar con la normativa que establece el determinar tiempos disponibles para cada actividad que tengan que realizar y concre­tando cada una de ellas.

Valorar y reconocer a cada una de las hermanas, apreciando sus actividades diversas como profesionales en su servicio a los pobres y como personas que integran cada pequeña comunidad.

Informar de los cambios que realiza Vicente, o las Señoras de las Cofradías, en beneficio de un mejor servicio a los pobres

Atender personalmente a las hermanas con dificultades en la instrucción. Hermanas que no saben leer, escribir, etc., generando en ellas el estímulo de aprender para mejor servir a los pobres.

Asignar o encomendar a unas el cuidado de las otras, para que el cariño y la cercanía puedan hacerse realidad entre ellas.

Concretar muy bien en cada lugar: hospital, Expósitos, Galeo­tes, cuál debe ser su servicio a los pobres e informando de lo establecido con los administradores de dichas obras.

Organizar los encuentros en la Casa o en algún otro lugar para formarse, orar, dialogar, comentar crecer en fe y en amistad.

Revisar el servicio que se realiza a los pobres, modificar cri­terios, actualizar, analizar situaciones que no funcionan bien, es decir evaluar con ellas el servicio que se realiza.

Entrega total a la «Compañía» es decir a los pobres directa­mente cuando es necesario y siempre a las Hijas de la Caridad, sin límite de tiempo, sin deseos de reservarse nada para ella.

Carmen Rodríguez

CEME, 2010

 

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