Luisa de Marillac, Pensamiento 108: Inconvenientes para la Compañía

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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Author: Luisa de Marillac .
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[i]E. 108 (A. 100) (Inconvenientes para la Compañía). pp.825-826

1. Ver C. 716 de enero de 1660.(1660) 1

284. Esta manera de instruir como hacen en La Fère, además del peligro de que la hermana ponga mucho de su cosecha y adelante máximas que no pueda explicar, tiene el inconveniente, muy de temer, de que al hacerlo en un lugar público, como son las salas de los hospitales en las que está el Santísimo Sacramento, se dé motivo para que se acuse a los Superiores de las Hijas de la Caridad de que les permiten emprender demasiado.

Otros inconvenientes son, en primer lugar, que habiendo Dios escogido a jóvenes aldeanas para el establecimiento sólido de las Siervas de los Pobres Enfermos, y siendo esta forma de instruir llamativa y brillante, puede resultar que las que tengan verdadera capacidad reciban el permiso de dedicarse a ella aunque no se las dispense de otros empleos más bajos, pero una vez entrenadas en lo primero pretendan que se las exima de otros trabajos y hasta del trato con las que en ellos se emplean, lo que, al negárseles, pronto las empujaría a salir de la Compañía.

Otras entrarían con ansiedad en deseos de leer, aunque les costara trabajo, y aparentar ser competentes, por lo que se esforzarían en aprender, dejando de lado los trabajos y el aplicarse a la práctica de la mortificación, aunque recién llegadas; y de que esto es verdad, ya tenemos algún ejemplo en la Compañía.

285. Se dice que esto no podría continuarse por mucho tiempo, ya que no siempre se encontrarían Hermanas aptas para ello. El tener el permiso del Vicario General, del Señor Cura y los aplausos de la mayor parte de la ciudad, son cosas tolerables tratándose de particulares u otras personas a las que Dios hubiera querido reunir para ello, como es el caso de la señorita Pileure.

Pero dar tanta importancia a esta función dentro de la Compañía de las Hijas de la Caridad, es un camino para destruirla o al menos para introducir en ella como dos cuerpos en uno, es decir, el de las que se considerarían aptas para tal empleo, que serían el cuerpo dominante y tendrían la pretensión de ejercer 2. Las «funciones de María», frente a las de Marta (Nota de la Traductora).las funciones de Santa Magdalena 2, someterían y tendrían por debajo de ellas a las que estuvieran empleadas en la visita a los enfermos, y poco a poco las jóvenes sencillas dejarían de tener entrada en la Compañía, y las otras 3. «Damas», dice el original, apelativo que solía darse a ciertas Religiosas de coro.se convertirían en «Madres» 3 lo que es ya la pretensión de varias.

286. Se puede objetar que una de las funciones principales del establecimiento de la Cofradía y Compañía de las Hijas de la Caridad es el servicio espiritual de los Pobres; todas están persuadidas de esta verdad. ¡Gloria sea dada a Dios por ello!, y es lo que su gracia hace cumplir a todas, aunque rústicas y sencillas; ¡cuántas personas han salido, en todas partes, del pecado, cuántas han hecho confesiones generales después de haber pasado largos años alejadas de los sacramentos, cuántas niñas instruidas por los que llevan la escuela, cuántas personas y aun familias a las que se lleva la comida, cuántos herejes convertidos desde que las Hijas de la Caridad sirven en los hospitales! Una Hermana que ha estado todo ese tiempo en el de Saint Denis, recuerda perfectamente que sólo en el año 1659 se convirtieron allí cinco o seis y hasta el hijo de un Ministro (protestante), sin contar los que se convirtieron anteriormente a esa fecha; pero todo esto se ha llevado a cabo en silencio, y ¡pluguiese a Dios que no fuese necesario hablar de ello! puesto que se ha hecho siguiendo el ejemplo y los mandatos del primer Institutor de la Compañía, Jesucristo, como servidores suyos, para honrar su Santa Vida oculta, lo que es tan necesario para el afianzamiento de dicha Compañía, quien acaso reciba algún día la gracia de ser empleada más en el servicio de los aldeanos que en las ciudades, como fue su primitivo designio o más bien el de Dios, cosa que podría ocurrir a causa de las mudanzas ordinarias del mundo. ¡Ah!, ¡qué dicha si la Compañía, sin ofensa de Dios, no tuviera que ocuparse más que de los pobres desprovistos de todo! Y por eso la Compañía no debe apartarse del ahorro ni cambiar de manera de vida con el fin de que si la Providencia le da más de lo necesario, (las Hermanas) vayan a servir a sus expensas a los pobres, espiritual y corporalmente, sin ruido, con sordina, no importa, con tal de que las almas honren eternamente los méritos de la Redención de Nuestro Señor.


[i]E. 108 Rc 6 A 100. Original autógrafo.

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