Luisa de Marillac, Pensamiento 096: Consejos pedidos al Señor Vicente

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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Author: Luisa de Marillac .
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[i]E. 96 (A. 45) (Consejos pedidos al Señor Vicente).p.806

Hoy, 30 de diciembre de 1656

255. Al salir de mi última enfermedad grave, en el mes de (en blanco) del presente año, pregunté al Señor Vicente nuestro muy Honorable Padre e Institutor, con qué disposiciones debía resolverme a seguir viviendo.

Su caridad me dijo entre otras advertencias según la voluntad de Dios, que debía ser con la resolución de negarme a mí misma y renunciar a mis satisfacciones, rehusando a los sentidos y pasiones todo lo que les agrada, para honrar la conducta del Hijo de Dios en el empleo que hizo de éstas y aquéllos. Durante la enfermedad de mi caída, queriéndome instruir acerca de los medios de que podría servirme para ayudar a algunas personas a conocer sus faltas, y como le dijese a mi muy Honorable Padre que el deseo que tenía de que así lo hicieran me movía a señalárselas pero que no veía que esto diera resultado, o muy poco, su caridad me respondió que hacia falta soportar mucho y esperarlo más de Dios que de nuestros propios medios, diciéndome: ¿Y quién somos nosotros para pensar que podemos hacer algo tan difícil y tan importante? Lo que me hizo comprender que había cierta premura en mi celo que a veces podía entrar en ello mi pasión y me dio la inteligencia de otra práctica, la de servir a las almas en sus necesidades por medio de la paciencia, con los ojos puestos en Dios y esperando de El lo que yo no podía hacer, manifestándoselo con acto interior de confianza en su gracia y bondad; este medio ha parecido ser más eficaz.

Hablando a su caridad de la dirección de nuestras Hermanas, dada la diversidad de caracteres y de empleos, además de la libertad que tienen al estar en tan diversos lugares, con su misma caridad y bondad acostumbradas me replicó, entre otras instrucciones, que para llegar a tener el don de la dirección, era preciso conseguirlo por medio de la paciencia. Con ello entendí que no siempre era conveniente manifestar que se daba uno cuenta de las faltas, que había que deshacerse de la repugnancia que se experimenta en soportarlas, sobre todo no tratándose de cosas notables, y estar en guardia para no dejarse sorprender por alguna pasión que podría hacer tomar una determinación de disponer, haciendo uso de autoridad, del empleo de las Hermanas. cosa que se debe siempre… (frase sin terminar).


[i]E. 96 Rc 5 A 45. Original autógrafo.

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