Luisa de Marillac, Pensamiento 087: Pureza de amor necesaria para recibir al Espíritu Santo

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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Author: Luisa de Marillac .
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[i]E. 87 (A. 25) (Pureza de amor necesaria para recibir al Espíritu Santo). p.792

234. Las almas verdaderamente pobres y deseosas de servir a Dios deben tener gran confianza en que al venir a ellas el Espíritu Santo y no encontrar resistencia alguna, las dispondrá convenientemente para cumplir la santísima voluntad de Dios, que debe ser su único deseo.

Y para llegar a ese estado de no-resistencia, es preciso establecerse en obediencia, como los Apóstoles, y en el reconocimiento sincero de nuestra impotencia, desprendiéndonos por completo de todas las creaturas y hasta de Dios mismo en cuanto a los sentidos, puesto que vemos cómo el Hijo de Dios, que fue quien preparó a los Apóstoles para recibir al Espíritu Santo, los colocó en ese estado privándolos de su santa y divina presencia con su Ascensión. Y sin duda alguna, al bajar el Espíritu Santo a las almas así dispuestas el fuego de su amor consumirá todos los obstáculos a las operaciones divinas, establecerá en ellas las leyes de la santa Caridad y les dará fortaleza para obrar por encima del poder humano, con tal de que esas almas permanezcan en la total desposesión que se ha dicho.

235. El amor que debemos tener a Dios ha de ser tan puro que no pretendamos en la recepción de sus gracias más especiales otra cosa que la gloria de su Hijo, como Nuestro Señor nos lo enseña en la persona de los Apóstoles a quienes al prometerles el Espíritu Santo les aseguró que por El sería glorificado.

Esto es todo lo que ha de pretender el alma que ama a Dios, y la mayor dicha que puede obtener es la de cooperar a dar testimonio de la gloria de Aquel cuya ignominiosa muerte llenó de asombro al mundo. Si como Dios no mereciera ya la pureza de ese amor y de ser el único objeto de todos nuestros afectos, habría al menos que rendir a su humanidad santa el deber de la gratitud a la inmensidad de su amor.

Bienaventuradas las almas que ayudan a los demás a rendirle estos deberes y bienaventuradas aquellas que a la vista de su impotencia, se resuelven a no tener otras miras ni ocupación y emplean fuertemente su amor en hacer que el de su Maestro sea el dueño absoluto de su corazón.


[i]E. 87. Rc 5 A 25 Original autógrafo.

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