[i]E. 72 (A. 89 bis) (Envío de las Hermanas a Polonia).pp.778-779
210. El quinto día del mes de septiembre de 1652, el señor Vicente nuestro muy Honorable Padre, comunicó a nuestras tres Hermanas, que habían sido elegidas para ir a Polonia, que debían marchar al día siguiente por la mañana. No obstante, la divina Providencia aplazó la marcha hasta el día 7.
Los nombres de dichas tres Hermanas son:1. Margarita Moreau, ver C. 317, n. 3 Sor Margarita Moreau 1, 2. Magdalena Drugeon, ver C. 472, n. 4Sor Magdalena Drugeon 2 y 3. Francisca Douelie, ver C. 431, nSor Francisca 3. El les dio, más o menos, las instrucciones siguientes:
«Queridas Hermanas, supongo sabéis que hace más de dos, años, la Reina de Polonia, virtuosísima princesa, me apremia para que le envíe Hijas de la Caridad a quienes quiere establecer en su reino de la misma manera que las ha visto trabajar en Francia. Ha sido necesario dejar pasar cierto tiempo para probar esta llamada, para poder reconocer si era cosa de Dios. Ahora, no hay ya motivos para dudar de ello, ya que esta bondadosa señora ha persistido en su deseo y hace seis meses que está presionando mucho para que le mandemos las Hermanas.
¡Ah! ¡qué dicha, Hijas mías, es para toda la Compañía la seguridad de esta vocación! pero qué dicha para vosotras el haber sido las elegidas entre tantas como hay en la Compañía que lo hubieran hecho quizá mejor. Y de esto no debéis dudar».
211 Pero, Hijas mías, ¿por qué es tan gran dicha esta vocación? Vamos a ver algunas razones:
La primera es que es Dios quien os llama. Ser llamada por todo un Dios, ¡qué admirable vocación! Y esto se conoce por la queja que Dios mismo da cuando hay quienes quieren injerirse en trabajar a su servicio sin que El las haya llamado. También Nuestro Señor da a entender la grandeza de esta vocación cuando dice a sus Apóstoles: «no sois vosotros, sino Yo quien os he elegido». Grande aprecio debéis, pues, hacer de vuestra vocación. Humillaos, queridas Hermanas. Confundíos ante esta gracia y sed agradecidas por ella Pues si no os humillarais a la vista de vuestra nada admirándoos de que Dios os haya sacado de la pobreza, de la bajeza, para servirse de vosotras, ¿qué seria de vosotras, mis queridas Hermanas? Si hubierais permanecido en la forma de vida de vuestra clase social, hubierais sido como las demás muchachas vuestras compañeras, estaríais ocupadas como los pobres en trabajos manuales. Y nadie os hubiera considerado personas distintas de las demás de vuestra clase. Por eso, vosotras y yo, tenemos muchos motivos para humillarnos profundamente, pero con una humildad sólida que os haga estimar a los demás4. Texto escrito por Luisa de Marillac no publicado por Coste muy por encima de vosotras 4.
[i]E. 72 Rc 5 A 89 bis. Original autógrafo







