Luisa de Marillac, Pensamiento 067: Pensamientos sobre la Encarnación y la Eucaristía

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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Author: Luisa de Marillac .
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[i]E. 67 (A. 14)   (Pensamientos sobre la Encarnación y la Eucaristía). pp.772-773

201. El Hijo de Dios tomó un cuerpo humano en el vientre de la Santísima Virgen, en una inocencia más perfecta que la del primer hombre con la que podía satisfacer a la divina Justicia por la desobediencia de nuestros primeros padres y darnos a conocer la verdad de las cosas de Dios en estas palabras: Sus delicias son estar con los hijos de los hombres.

Pero la inmensidad de su amor hacia nosotros no se contentó con esto, sino que queriendo unir inseparablemente la naturaleza divina con la naturaleza humana, la llevó a cabo después de la Encarnación en la admirable invención del Santísimo Sacramento del Altar en el que habita continuamente la plenitud de la Divinidad en la segunda Persona de la Santísima Trinidad y esta unión es medio para que el Creador se una a su creatura, aunque no todos participan en ella a causa de esa voluntad libre que el hombre conserva, ya para perderse siguiendo la maldad de sus inclinaciones y las persuasiones del espíritu maligno, ya para salvarse, por la gracia de aplicarse los méritos del Hijo de Dios

202. Tenemos motivos para creer que esa seguridad que Nuestro Señor nos dio de que estaría siempre con nosotros era su designio de santificar a las almas por esa presencia continua aunque invisible y la aplicación del mérito de sus acciones a las de sus creaturas: ya pidiendo perdón a su Padre para borrar nuestros crímenes opuestos a las virtudes que El practicó ya para hacer gratas a Dios las acciones virtuosas que por gracia suya pueden hacer los hombres uniéndolas a sus méritos. Por esta vía es como me ha parecido que la humanidad santa de Nuestro Señor está continuamente presente para nosotros es decir, santificando las almas por la aplicación de sus méritos; viene a ser como una atmósfera sin la cual el alma no tiene vida y así es como he visto la Redención del hombre en la Encarnación, y su santificación por esta manera de unión del hombre con Dios en la persona de su Hijo por su presencia con la que continuamente, aplica sus méritos a cada una de las almas asociadas a la unión personal de Dios en un hombre, la cual es un honor para toda la naturaleza haciendo que Dios la mire en todos como su imagen si no está desfigurada por el rechazo de esa aplicación de los méritos de su Hijo que es en lo que consiste el pecado.

Este pensamiento me ha venido después de haber deseado durante algún tiempo el amor de la Humanidad santa de Nuestro Señor para verme empujada a la práctica de sus virtudes especialmente la mansedumbre y la humildad la tolerancia y el amor al prójimo, para sacarme de los vicios contrarios en los que con tanta frecuencia caigo.

Por un camino desconocido a los hombres comunicándoles dichos méritos que sacan.


[i]E. 67 Rc 5 A 14. Original autógrafo.

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