[i]E. 64 (A. 74) (Pensamientos sobre la estima en que ha de tenerse a las Hermanas). pp.770-771
1. La fecha no figura en el original sino en la copia manuscrita que se conserva con el n. 124 hecha por Margarita Chétif.(5 de enero de 1651) 1
197. El tema de la conferencia era la estima que debemos tener por nuestras Hermanas, que nos lleva a hablar siempre bien de ellas.
1. Me ha parecido en el primer punto que una de las razones que tenemos para darnos a Dios es la gran dificultad que el amor a nuestra propia estima opone siempre a la práctica de esta virtud por la ceguera en que nos hace caer respecto a nosotros mismos y respecto al prójimo; ello es causa de que con frecuencia juzguemos las intenciones y acciones de nuestra, Hermanas de manera muy distinta a la verdad.
2. Otra razón es que si nos hemos dado verdaderamente a Dios para esto, al no pertenecernos ya a nosotras mismas, su bondad no permitirá que abusemos de las pasiones arraigadas en nuestro ser, y nos concederá la gracia de no obrar ya más que como cosa suya por su espíritu ni tampoco permitirá que le deshonremos haciendo de otro modo, porque no puede haber nada que pertenezca completamente a Dios y le contradiga.
El segundo punto era de las faltas que se pueden cometer contra esta santa práctica: no apreciarla, no pensar en el bien que de ella puede resultar y no pensar, sobre todo, en lo agradable que es a Dios no molestándonos en acostumbrarnos a ella.
Que si no se habla bien de las Hermanas cuando se conversa juntas infaliblemente se acaba por hablar mal de ellas o por tratar de cosas inútiles, lo que podría traer gran perjuicio a la Compañía y escandalizaría al prójimo que pudiera llegar a saberlo.
Otro gran mal es que sería muy de temer que se llegara a vivir juntas en desacuerdo, que no nos amáramos bastante y con ello, en último término, ocurriría que con frecuencia ofenderíamos a Dios: si nos acostumbramos a estimar a nuestras Hermanas y a hablar bien de ellas, se creará en la Compañía el espíritu de unión de cordialidad, de verdadera caridad como parece ha sido el designio que Dios tuvo al formarla.
198. Uno de los medios para adquirir esta costumbre es que trabajemos por llegar a un verdadero conocimiento de nosotras mismas mediante la experiencia de nuestras faltas ordinarias.
Otro es el de separar siempre los pequeños defectos que se advierten en los demás, de la persona suspendiendo nuestro juicio y excusando los primeros movimientos como queremos se excusen los nuestros soportándonos por amor de Dios.
Otro medio es ayudarse mutuamente a adquirir esa costumbre de hablar bien de nuestras Hermanas, y si por casualidad hubiese Hermanas a quienes se les escapase decir palabras en disfavor de su Hermana, habría que mortificarse y no prestarle oídos diciéndole con bondad: Recordemos, querida Hermana, la advertencia que se nos ha hecho de hablar siempre bien las unas de las otras.
Pero el medio más seguro es el de humillarnos reconociendo que nunca podremos adquirir esta virtud por nuestras propias fuerzas y pedírsela a Dios con confianza para gloria suya y por su Amor.
[i]E. 64 Rc 5 A 74 Original autógrafo







