[i]E. 62 (A. 68) (Sobre la obediencia). pp.768-769
1. Pensamientos preparados para la Conferencia de ese día, (Sobre la Obediencia) (SVP. IX, 528; Conf Esp n. 868 y s)(7 de agosto de 1650) 1
193, La primera razón que me ha venido al pensamiento es que Dios, al crear el mundo, sometió a todas las creaturas a la obediencia, de tal suerte que al parecer sólo la creatura racional quebrantó ese orden; esto nos obliga a amar y practicar la obediencia.
Otra razón es que la desobediencia ha sido siempre desagradable a Dios y habiendo empezado por el hombre, para reparar esa falta se hizo necesario que una de las tres divinas Personas de la Santísima Trinidad se hiciera hombre, no sólo para que con el ejemplo de sus actos de obediencia viéramos cuán razonable es que obedezcamos, sino para que nuestras propias obediencias, imperfectas, tengan el mérito de las del Hijo de Dios al estar unidas a ellas, lo cual es un poderoso motivo para adquirir y practicar la virtud de obediencia.
Una tercera razón es que sin la obediencia sería un desorden continuo en todas las familias, más especialmente en las Comunidades y mayor aún entre las Hijas de la Caridad que en cualquiera otra, tanto por la libertad que su ocupación les da para ir a diversos lugares, como por el desarreglo interior y exterior que la desobediencia causaría en ellas.
194. Y como la obediencia puede ser observada diversamente, me ha parecido que para que (la nuestra) sea tal como Dios nos la pide, es necesario que obedezcamos con gran sencillez y humildad.
Segundo, que debemos obedecer a las personas que tienen autoridad para mandarnos de la misma manera que si fuese Dios quien nos diese las órdenes, ya que por Amor suyo y para cumplir su santísima Voluntad es como debemos obedecer.
Tercera condición de la verdadera y virtuosa obediencia: es la de no hacer ceder a los Superiores a mandarnos lo que deseamos, sino tratar de que nos manden lo que saben que Dios pide de nosotras.
En cuarto lugar, me parece que la obediencia debe ser alegre, pronta, sin razonamientos sino con sumisión del propio juicio y ser fieles en hacer lo que se nos haya ordenado, Lo que a mi modo de ver nos ayudará mucho a esto, es acostumbrarnos a no ser obstinadas en nuestras opiniones y ceder ante cualquier persona aun en cosas de poca monta.
195. He sentido gran confusión al reconocer que a menudo he faltado a todas estas prácticas por mi soberbia y obstinación, de lo que me arrepiento y pido perdón a Dios y a todas las Hermanas que han podido notarlo.
Uno de los medios que he pensado podría ayudarme a adquirir la virtud de la obediencia tal y como Dios la pide, es según creo el de estimar mucho esta virtud, poniéndonos con frecuencia ante la vista la del Hijo de Dios y en cosas tan penosas y difíciles para nosotros; pensar que si ha querido fuera visible en El hasta en su muerte, ha sido para que nos sirviera de ejemplo y aliento.
Otro medio del que espero poder servirme es buscar las ocasiones de practicar la obediencia; y si no tengo la dicha de que se me presenten con frecuencia esas ocasiones por lo que se refiere a mis acciones diarias, me he propuesto tener presente cuando dé órdenes o aconseje algo a las personas a las que estoy obligada a hacerlo por mi cargo, que lo hago porque así me lo manda la Voluntad de Dios por mis Superiores. Y cuando se trate de cosas indiferentes y sin importancia, intentaré, con la gracia de Dios, ceder con más humildad ante las personas que requieren algo de mí, con tal de que en ello no haya ofensa (de Dios).
[i]E. 62 Rc 5 A 68 Original autógrafo







