Luisa de Marillac, Pensamiento 060: Sobre la Sagrada Comunión

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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Author: Luisa de Marillac .
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[i]E. 60 (A. 71) (Sobre la Sagrada Comunión). pp.766-767

1. Pensamientos redactados por Luisa de Marillac para la Conferencia de ese día, 18 de agosto de 1647, sobre la Sagrada Comunión (SVP, IX, 341, Conf Esp n. 548 y s)(18 de agosto de 1647) 1

190. La Conferencia sobre la sagrada Comunión se divide en dos puntos, de los que el primero es: de las razones que tenemos para darnos a Dios con el fin de comulgar bien.

He visto dos principales en las que van comprendidas todas las demás: una de ellas es el temor y la otra el amor.

El mandamiento de la Iglesia de comulgar todos los años bajo pena de pecado mortal, nos da a conocer que Dios quiere absolutamente que comulguemos, y parece que esta amenaza es una advertencia para que lo hagamos más a menudo si no queremos correr el riesgo de perder muchas gracias que recibiríamos con la Sagrada Comunión. Es, pues. muy importante para nosotras el darnos a Dios para comulgar bien, porque sin ello nos expondríamos al peligro de que las amenazas tanto a los que no comulgan como a los que comulgan mal, se dirigieran a nosotras para castigarnos.

La otra razón que tenemos para darnos a Dios con el fin de comulgar bien, es la gratitud que debemos tener por el amor que El nos ha manifestado al darse a nosotros en la sagrada Comunión; lo que nos exige manifestar a Nuestro Señor un amor en cierto modo recíproco, deseando con todo nuestro corazón recibirle ya que con todo su Corazón quiere El darse a nosotros. Su amor me ha parecido todavía mayor al considerar que habiendo bastado su Encarnación para redimirnos, parece que el darse a nosotros en la Sagrada Hostia, es puramente pala nuestra santificación, no sólo aplicándonos los méritos de su Encarnación y Muerte, sino también dándonos, como su bondad quiere hacerlo, una comunicación de todas las acciones de su vida y haciéndonos entrar en la práctica de sus virtudes, pues desea seamos semejantes a El gracias a su amor.

191. En el segundo punto: lo que conviene hacer para darnos a Dios con el fin de comulgar bien, me ha parecido que hemos de tener tan grande estima por la Comunión que nos inspire el temor de no estar en las debidas disposiciones para comulgar bien, y como uno de los efectos de la Sagrada Comunión, el principal, es el de unirnos a Dios, debemos tanto como podamos quitar los impedimentos a esa unión; siendo el más peligroso de éstos el demasiado amor a nosotros mismos por el apego a nuestra propia voluntad, para participar en los frutos de la Sagrada Comunión, necesariamente tenemos que darnos a Dios para no tener más voluntad que la Suya; lo que he deseado hacer después de que Dios me ha hecho ver tantas veces que soy incapaz de hacer el bien, cualquiera que sea, e indigna de recibir la sagrada Comunión.

Lo que me ha parecido tenía que hacer también es fijar más fuertemente mi atención en las acciones del Hijo de Dios para tratar de unir a ellas las mías, con la ayuda de su gracia.

Y porque sé que Dios lo ve todo, pienso que hemos de llevar siempre una recta intención para comulgar, sin mezcla alguna de respeto humano, sólo por el amor que debemos tener a la Humanidad santa y divina de Jesucristo, para serle fieles y corresponder al amor que nos demuestra en el Santísimo Sacramento. El conocimiento que Dios me ha dado del abuso que con frecuencia he hecho de la Sagrada Comunión llevando una vida que me hacía indigna de ella por la violencia de mis pasiones, me ha infundido el deseo de trabajar en mortificarlas para no merecer el odio de Dios en lugar de su santo amor, si continuase haciendo un uso indebido de este divino manjar.


[i]E. 60. Rc 5 A 71. Original autógrafo.

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