[i]E. 53 (A. 75) (Sobre las disposiciones de [ii]la divina Providencia) 1. pp.756-75
172. El día y tiempo en que nuestro buen Dios nos permitió reconocer su divina Providencia por acontecimientos tan señalados como el de 2. Accidente ocurrido en junio de 1642, la víspera de Pentecostés.la caída de nuestro piso 2, me ha vuelto a poner ante los ojos, la gran transformación interior que tuve cuando su bondad me otorgó luz y esclarecimiento sobre las grandes inquietudes y dificultades que (entonces) experimentaba.
He pensado enseguida que toda nuestra familia debía tener gran devoción a la fiesta de Pentecostés y una dependencia total de la divina Providencia, pero todo ello de una manera muy especial, pareciéndome que al mismo tiempo se operaba interiormente en nuestro muy Honorable Padre y en el alma de algunas de nuestras Hermanas algo grande para el establecimiento sólido de esta pequeña familia; y que en esta gracia de Dios, más que accidente, debíamos ver una advertencia a su caridad para que implante una estrecha unión entre la manera de vida que Dios quiere lleve esta Comunidad y la de su Instituto, ya que los intereses son comunes. Y aunque siendo tan miserable como soy, tenía que haber pensado que lo ocurrido se debía a mis pecados, nunca me ha venido tal pensamiento, ni en ese momento ni después, sino siempre en mis labios y más aún en mi corazón (el convencimiento de) que era una gracia de Dios, operada con un fin que no conocíamos, y que por medio de ella Dios nos pedía algo a los unos y a los otros, esperando que su bondad se lo daría a entender a nuestro muy Honorable Padre.
173. Me ha parecido que para ser fieles a Dios, debíamos vivir en gran unión unas con otras, y que así como el Espíritu Santo es la unión del Padre y del Hijo, así también la vida que voluntariamente hemos emprendido debe transcurrir en esa unión de los corazones que nos impedirá indignarnos contra las acciones de las demás y nos comunicará una tolerancia y paciencia cordial hacia nuestro prójimo; a esto podrán ayudarnos nuestros coloquios familiares que nos hemos propuesto tener los viernes y las conferencias mensuales si podemos; también, el pedir en nuestras confesiones extraordinarias medios para adquirir esta virtud y la del abandono total en la divina Providencia, ya que me parece ser una de las cosas más señaladas que Dios nos pide para que nuestra Compañía pueda subsistir.
Esta voz de Dios debe enseñarnos también a que nos acostumbremos por amor a pensar frecuentemente en El para estar preparadas a morir en el momento en que le plazca, incluso súbitamente si tal es su santa voluntad, cosa que la vida nos demuestra suficientemente que puede ocurrir y debemos pensar frecuentemente en ello.
En cuanto a mí, he pensado tenía que ser más fiel que nunca a Dios, tanto en mi vida interior como en el servicio que debo a los pobres y más especialmente en la instrucción y ayuda a nuestras Hermanas; y pidiendo consejo sobre el uso que debo hacer de tantas gracias como veo me otorga Dios y de las que me siento colmada interiormente.
Y estando una vez con estos sentimientos, me ha parecido las rehusaba por no querer más que a Dios solo, y unos días después, me pareció que Dios me daba a entender (que las gracias) que El me otorgaba no eran para mí, sino por pertenecerle en la manera en que le pertenezco, sin comprenderlo bien no obstante.
174. Quisiera con todo mi corazón poder dar y hacer que otros dieran a Dios mucha gloria para corresponder, como creo, al designio que ha tenido de sacarla al permitir lo que nos ha ocurrido; y por ello me parece debo intentar toda mi vida recordarlo y darle gracias por los sentimientos interiores que entonces me comunicó.
Pedir permiso para que todas nuestras Hermanas, y yo también, comulguemos todos los meses en tal día en acción de gracias y en reconocimiento de la que Dios nos ha hecho llamándonos a servirle en la persona de los pobres, renovando el fervor que teníamos el día de nuestra entrada en la Casa.
Que todas nuestras Hermanas practiquen todos los años algún ejercicio interior desde la Ascensión a Pentecostés, honrando los designios que tuvo el Hijo de Dios cuando ordenó a sus Apóstoles que permanecieran pasivamente en espera de la venida del Espíritu Santo, y procurar acompañar el estado de la vida de la Santísima Virgen y de los mismos Apóstoles en 13 privación de la presencia visible de Jesús; y, si fuera posible, que de ahora en adelante las Hermanas de la Casa hagan en esa época los ejercicios espirituales y, si se nos permite, sean privadas de la sagrada Comunión para entrar en un sentimiento de penitencia por las faltas cometidas durante el año en el uso del Santísimo Sacramento y conseguir así de Dios mejores disposiciones en el futuro.
Que podamos hacer todas alguna peregrinación para invocar a los Santos y glorificar a Dios por las gracias que concedió a toda la Compañía con tal motivo, y que todos los meses en igual día se recen las letanías de los Santos al final de la oración de la tarde.
[i]E. 53 Rc 5 A 75 Original autógrafo
[ii]1. Con motivo de la caída del piso en la sala de comunidad de la Casa principal.







