[i]E. 44 (A. 90) (Observaciones [ii]sobre las Reglas) 1. pp.730-733
Hermanas empleadas en las Aldeas
136, Serán muy cuidadosas en no sangrar ni purgar sino cuando convenga hacerlo, por los peligros que de ello pueden resultar; por eso, cuando se las llame para ver algún enfermo, después de la acogida que deben dispensarles saludándolos cordial y afectuosamente, se informarán del tiempo que llevan enfermos y empezarán a aplicar como remedios lavativas o sangrías cuando ellos sientan repugnancia, y si las fiebres continúan lo repetirán 3 ó 4 veces; si la fiebre persiste, tomarán el pie, después volverán a hacerlo en el brazo hasta que aminore; empezarán a purgar con alguna tisana laxante si la fiebre es intermitente y con escalofríos; se guardarán muy bien de administrar ningún remedio mientras duren éstos o el sudor, a no ser un vaso de agua «medianamente fuerte» con 2. Composición farmacéutica usada de antiguo y compuesta de muchos ingredientes principalmente de opio (Diccionario de la Real Academia).una dosis del tamaño de un guisante de triaca 2, poco antes de que vuelvan a aparecer los escalofríos.
No pueden adoptar el orden que siguen en París las Maestras de Escuela; lo harán sólo con niñas pero deben recibir a cualquier hora a todas las que quieran ir a aprender, de cualquier edad que sean, teniendo la discreción de hacer pasar a las vergonzosas o tímidas a un lugar particular para ellas, acogiéndolas con mucha cordialidad aun cuando se presenten a la hora de su comida o muy tarde; enseñándolas a que tomen la costumbre de rezar de rodillas por la mañana y por la noche.
En los lugares en que hay poco trabajo, deben ser muy exactas en observar su reglamento y en emplear bien el tiempo; y si el trabajo no les alcanza para ganarse en parte la vida, por lo menos deben ocuparse en hilar para poder tejer lienzo.
137. Como quiera que las Hermanas de las Aldeas están alejadas de la Casa, y por consiguiente, de los avisos para su dirección y de la ayuda para levantarse de sus faltas y pequeñas penas interiores, además de poder escribir sobre ello a sus Superiores, se ayudarán mutuamente practicando entre ellas una gran tolerancia y cordialidad, que les pueda dar libertad para comunicarse, con reserva de lo que pudiera perjudicar a su Hermana.
Como es muy fácil desviarse de las buenas prácticas y resoluciones, es necesario que estén muy sobre si mismas especialmente para no dejarse ir a chismes, murmuraciones y quejas, como con mucha frecuencia hacen los aldeanos; sobre todo, no hablarán nunca de lo que ocurre entre ellas, pensando que se encuentran en aquel lugar por orden de la divina Providencia para servir de edificación, y que atraerían (castigos) sobre ellas mismas y sobre la Compañía si llegaran a dar escándalo o desedificación.
Si se ven obligadas a permanecer mucho tiempo fuera de su casa para servir al prójimo según sus obligaciones, se llevarán consigo algunas provisiones por si tuvieran necesidad de tomar alimento, para no verse impelidas a tener que tomarlo fuera; y si por sorpresa u olvido, se vieran en la necesidad de pedir algo de comer a los pobres, se lo abonarán para no ser una carga para ellos y demostrarán su necesidad para no dar lugar a que se las tache de gula.
Cuando se encuentren en algún lugar en que las iglesias estén descuidadas y sucias, con las lámparas apagadas, porque nadie cuida de ellas, se lo advertirán a la Superiora para pedirle su parecer sobre si deben encargarse de tal cuidado.
Para la instrucción en la Escuela
138. En el artículo que habla del cuidado que han de poner todos los meses en ver las que suelen faltar para reprenderlas, añadir: y dar algún premio a las que son asiduas.
Hermana Sirviente de los Hospitales
Tratará con respeto a su Asistenta, le pedirá lo más que pueda su parecer en las cosas dudosas, pero de tal suerte sin embargo que no dé nunca a conocer el secreto de las demás.
No reprenderá nunca las faltas de las Hermanas en un momento de apasionamiento ni de ella misma, ni de la Hermana a quien tiene que reprender para no avergonzarla y también para que su advertencia resulte provechosa.
No descubrirá en manera alguna las faltas de las Hermanas y cuando alguien se las advierta, no dejará ver que la tiene en mala opinión y dará las gracias a la que le avisa, excusando en lo posible a la que haya faltado.
La que recibe a los enfermos
Comunicará el dinero que encuentra a los recién llegados y lo apuntará para dar cuenta del mismo en el momento oportuno.
Avisará al médico los que hayan llegado.
La que sirve a los débiles
Dar cuenta a la Hermana Sirviente de los que se alimentan demasiado poco, ya por desgana o por otro motivo, para que ella tome las medidas necesarias.
La que se encarga de preparar la comida en los días de abstinencia
Si se trata de lugares en que no se acostumbre a tomar «cocido» no debe introducirlo ya que no es alimento muy adecuado para los enfermos; en su lugar, podría hacer unas buenas tostadas de pan con mantequilla, rociándolas con un poco de agua antes de untar la mantequilla, y también huevos a la tartera.
La que cuida la vajilla
Cuando se deterioren piezas, las recogerá y lo avisará Hermana Sirviente cuando sea necesario reponerlas.
La Veladora
139. Tendrá cuidado, ya por la tarde, de preguntar a la Hermana Sirviente si hay algún enfermo a quien urja administrarle los Sacramentos, y podrán dar una vuelta juntas por las salas para no verse sorprendidas, pensando que la hora de las tinieblas es la del Demonio, por cuyo motivo debe estar muy sobre si, desconfiando de todo para recurrir a Dios y al Angel de su Guarda.
La Hermana que releva a la Veladora pensará igualmente que debe desconfiar de todo, como la que deja el puesto, ya que en invierno serán tres horas de noche las que estará sola por las salas.
La Lavandera
En el último articulo para las jóvenes que deben lavar, no excluir de ello a las demás cuando la Hermana Sirviente lo ordene.
Que la Hermana Lavandera tenga cuidado, cuando coloque la ropa, de dejar aparte lo que necesita remiendo y lo que ya no sirve, como también separar la ropa de hombre y la de mujer.
La Hermana encargada de la ropa de los muertos
En el artículo que dice que ella comprará las cosas menudas necesarias, añadir: por orden de la Hermana Sirviente.
Y también: pedir el parecer de los señores Padres para la venta de las ropas en buen uso.
[i]E. 44 Rc 5 A 90 II. Original autógrafo.
[ii]1. El Aut. 90 lleva la indicación II en números romanos. Debe pues, quedar situado en medio del E. 43, como se señala en su lugar correspondiente.







