Luisa de Marillac, Pensamiento 038: Sueño en la víspera del 8 de diciembre

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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Author: Luisa de Marillac .
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[i]E. 38 (M. 35 bis) (). pp.721-722

122. «La víspera de la Concepción de la Santísima Virgen, habiendo escuchado la lectura de la epístola del día, tuve en sueños la visión de una gran oscuridad en pleno medio día, la que al principio me parecía poca y después fue seguida de una noche muy oscura que asombraba y espantaba a todo el mundo. Yo sólo sentía sumisión a la divina Justicia. Pasada esta oscuridad, vi venir la claridad del pleno día, y en algún lugar del aire, muy elevada, vi como una figura al estilo de como se nos suele representar la Transfiguración, que me pareció figura de mujer. Con todo, mi espíritu fue presa de gran admiración que me inducía a gratitud hacia Dios, pero tal que mi cuerpo se resentía, y despertándome con eso seguí sintiendo el dolor todavía durante algún tiempo; y esta visión se me ha quedado siempre grabada en el espíritu, contrariamente a lo que de ordinario me sucede con mis sueños, representándome que esta primera gracia en la Virgen era el comienzo de la luz que el Hijo de Dios debía traer al mundo.

123. «En mi meditación sobre el tema de la Epístola, viendo que la santa Iglesia aplicaba a la Santísima Virgen su existencia antes de la creación del mundo, mi espíritu lo admitió así, pensando que no sólo estaba desde toda la eternidad en la mente de Dios por su presciencia, sino además con preferencia a cualquiera otra creatura, a causa de la dignidad de Madre de su Hijo a la que Dios la destinaba. Pudo existir y así lo quiso (Dios) antes de la creación de todas las cosas terrenas que podían ser testigos del pecado de nuestros primeros padres. Y Dios hizo un acto explícito de su voluntad para crear el alma de la Santísima Virgen; podría haber sido también 1. Haber creado ya efectivamente el alma de la Virgen (Nota de la traductora).un acto efectivo 1, esto lo someto enteramente a la santa Iglesia, sirviéndome de ello solamente para honrar más a la Santísima Virgen y renovarle nuestra dependencia, la de la Compañía en general, como sus más ruines hijas, pero mirándola también a ella como a nuestra muy digna y única Madre. Sean amados Jesús y María.


[i]E. 38 Ms A. Sor Chétif, 2, n. 38 bis. Copia.

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