Luisa de Marillac, Pensamiento 033: Pensamientos sobre la Pasión de Nuestro Señor

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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Author: Luisa de Marillac .
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(1. Los autógrafos 21 y 21 bis describen el proceso de una misma experiencia cuaresma-pascua. Forman un mismo cuadernillo, escritos por los extremos contrapuestos del mismo. En la primera página se encuentra escrito Pensées sur la Résurrection et sur…. dejando esperar la conclusión: La Passion. El 21 bis aporta datos de 1644 a 1646: ver C. 131,132,234,142.143 (L 123,124,109,137,303 bis). El viaje a Chartres se realizó el 14 de octubre de 1644. La donación del cuadro a San Lázaro, en marzo de 1646. Como habla de la Octava del Corpus y éste fue el 7 de junio de 1646. tuvo que escribirlo después de junio de 1646.Después de junio de 1646) 1

114. Para honrar el estado de Nuestro Señor después de su Resurrección, purgatorio de deseo después de que Dios su Padre hubo recibido su espíritu y, en El, el de la humana naturaleza.

Fidelidad de Jesucristo en la Cruz para cumplir las Escrituras. Sabiendo Jesús que estaban cumplidas en cuanto a lo que El debía padecer, quiso aumentar su propio dolor al exclamar: «Tengo sed».

La petición que hace el mal ladrón me ha hecho pensar que no conocemos el valor de los sufrimientos; y la del bueno, el mérito que hay en honrar la justicia, confesar la verdad y en la oración.

Me he entregado a Dios para aceptar las disposiciones de su Providencia si quiere que durante el resto de la Cuaresma permanezca yo en soledad interior y aún en aflicción para honrar el estado de Jesucristo que la Iglesia nos presenta.

Después de ver que todo está cumplido, Jesús en la cruz tiene sed. Su cuerpo lacerado, pide como el ciervo el alivio del agua. Su sed era doble, a saber: del cuerpo y del espíritu: la manifiesta gritando con la sencillez de esta palabra «¡Tengo sed!»; y al no querer tragarla, da testimonio del deseo de que su persona divina se reúna con la del Padre y la del Espíritu Santo, y ésta es su tercera sed: la de que sean aplicados sus méritos a todas las almas creadas para el paraíso.

115. Sabiendo Jesús que todo estaba consumado, dijo: «¡Tengo sed!», queriendo ir más allá de lo necesario y emplear todos los instantes de su vida. Escucha alma mía, como dichas a ti sola estas palabras: Tengo sed de tu fiel amor.

La muerte ha perdido su aguijón al no haber podido separar la divinidad del Cuerpo de Jesucristo, ni la gracia del Cuerpo bienaventurado.

Las burlas son propias de los que no creen y piden milagros para obrar el bien. Jesús, al perdonar, demuestra que no hay en El ningún resentimiento ni deseo de venganza por los desprecios al pedir perdón disculpando.

Siendo el instante de la Redención de la humanidad una obra tan admirable, se deja conocer por la palabra de Nuestro Señor: «Dios mío… ¿por qué me has abandonado?» que nos demuestra que la persona divina sufría de manera extraordinaria como para distinguir ese instante, en el que clama: ¡Dios mío!… Y por el mérito infinito de ese instante, la naturaleza humana adquiere pleno poder para reunirse con su Dios, con tal de que quiera servirse de los medios para aplicárselo. ¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado? No dice: ¡Padre mío!, lo que prueba el sufrimiento del Hijo de Dios, el abandono de la segunda Persona de la Trinidad. El Padre abandona a su Hijo para acoger a la naturaleza humana.

¡Tengo sed! Esta palabra se dirige al hombre para darle a conocer que no basta la muerte (de Jesucristo) si no se aplican sus méritos… y no pueden aplicarse sin el consentimiento de cada alma… No habla a su padre, no pide de beber, dice simplemente ¡2. Siguen tres cortas líneas difíciles de leer.tengo sed! 2,

Queriendo satisfacer mis deudas con el Padre Eterno, ofreciéndole la muerte de su Hijo, me vino el pensamiento de que sería una temeridad y ofenderle, si no fuera porque su bondad consintió en el misterio de la Encarnación.

116, La Sagrada Comunión del día de Pascua, única mandada por la Iglesia, me ha hecho pensar hoy que sus hijos iban a recibir el legado testamentario de su Esposo; lo que me ha parecido era un tesoro que durante todo el año iba a proveerme de cuanto necesitara, obligándonos a escoger la vida de Jesús Crucificado como modelo de nuestra vida con el fin de que su resurrección sea para nosotros medio de gloria en la Eternidad. Y para vivir de esta suerte, me parecía que debía con frecuencia ponerme ante la vista sus ejemplos; para ello he pensado que podría hacer tres o cuatro actos cada día, uno por la mañana, otro a mediodía, y otro por la tarde, dirigiéndome a la Humanidad santa de Nuestro Señor, a la Santísima Virgen y al Angel de mi Guarda para abandonar 3. En blanco; pero se puede, con probabilidad, leer: «a N.» (Su hijo).a N. 3 a las disposiciones de Dios, con el propósito de honrar la vida del Verbo y pedir el espíritu de dirección y consejo.

117. El 2 de marzo, ante las noticias de las Hermanas de Nanteuil, he reconocido haber cometido una infidelidad para con Dios, al dejarme ir, en los acontecimientos penosos, a la agitación y a recurrir a los que pueden ofrecerme un remedio y no a Dios, a pesar de mi resolución de hacer lo contrario.

El día de la Octava del Santísimo Sacramento, estando adorándolo en el coro de la iglesia de nuestros venerables Padres, le he pedido por la unión amorosa del Verbo con el hombre, que ellos y nosotras le estuviésemos eternamente unidos, y unidos también siempre a la Jerarquía Apostólica y Romana mediante una sólida unión de todos los miembros de la Comunidad con los pobres, como Dios lo quiere. He renovado el pensamiento que había tenido de donar un cuadro a Chartres, otro a San Lázaro, y a la Casa otro de la Santísima Virgen, rodeada de un sol símbolo de su Inmaculada Concepción, para alcanzar la conservación de la pureza en una y otra Compañía, pidiéndola a Dios por la pureza de su Encarnación.

Esta promesa está ya cumplida, pues he enviado a Chartres una imagen pequeña de Nuestra Señora; a San Lázaro el cuadrito de la Virgen con el rosario de perlas; y a la Casa, una imagen de la Virgen, de talla, con un rosarito de nueve cuentas para honrar los nueve meses que Nuestro Señor pasó en el vientre de la Santísima Virgen.


[i]E. 33 Rc 5 A 21 y 21 bis. Original autógrafo.

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