Luisa de Marillac, Pensamiento 023: Retiro

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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Author: Luisa de Marillac .
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2. Ver carta de San Vicente en SVP, I, 181, Sig. I. 234.(hacia 1633) 2

Sábado por la mañana

74. El único medio que tengo para hallar misericordia en la hora de la muerte, es que en ese instante se encuentre en mi alma la huella de Jesucristo, lo cual debo hacer si creo en la verdad de su palabra como Dios. Tendré, pues, una gran confianza en El que me ha dado sentimientos de seguridad de que, sin tener en cuenta mi miseria e impotencia, El lo hará todo en mi; y para no ser sorprendida por la incertidumbre de la hora, entraré en la práctica de todo lo que pide de mi

un medio para alcanzar mi fin es que, sin que haya razón para ello en mi, yo aparezca ante otro como en posesión de algunas gracias de Dios, lo que me humilla y me infunde valor.

Sin deseo ni resolución por mi parte, la gracia de Dios cumplirá en mí lo que es de su agrado.

Sábado a las 10

75. Puesto que la muerte es un desprendimiento necesario de todas las cosas, excepto de las obras que el hábito nos haya hecho producir, quiero intentar desprenderme voluntariamente y de hecho de todo para unirme a Dios de manera actual y habitual, siendo esta práctica lo único que debe llamarse muerte, ya que la verdadera muerte corporal ha sido honrada con la de Jesucristo que nos la convirtió en puerta de la vida. Fuerte sentimiento de que Dios pide de mi esa resolución, recordando que Nuestro Señor cuando estaba en la tierra dijo que había venido a separar al padre del hijo y en general (a romper) todo apego a las creaturas.

Sábado a las 2

76. Si no quiero afrontar el terrible y riguroso «no te conozco» de mi juez Jesús, tengo que vivir de tal manera que la pureza de mis intenciones en mis actos me oculte a los ojos del mundo para ser vista sólo de Dios e ignorada del mundo y del diablo. Del mundo porque su testimonio no me servirá de nada; del diablo, para que al desconocerme, no me pueda acusar.

Tendré también confianza y devoción al Angel de mi guarda para que me ayude en tan difícil empresa.

Domingo por la mañana

77. Al nacer en pobreza y abandono de las creaturas, Nuestro Señor me enseña la pureza de su amor no manifestándoselo a las criaturas, sino que se contenta con hacer por ellas cuanto es necesario. Esto eleva tanto más a las almas cuanto que al no ser amadas al estilo de las creaturas, se ven unidas totalmente a Dios por la pureza de ese amor. De ahí tengo que aprender a mantenerme oculta en Dios con ese deseo de servirle sin buscar para nada el testimonio de las creaturas y la satisfacción de su comunicación, contentándome con que Dios vea lo que quiero ser para El; para ello desea me entregue a El dejándole operar en mi esta disposición; y así lo he hecho por su gracia.

Domingo a las 10

78. Honraré la paz que contemplo en el pesebre, con una disposición a tener hartura en vez de ansiedad, en la posesión de Dios, que no se niega nunca al alma que le busca de verdad, adorando la divinidad en ese estado de la Infancia de Jesús e imitando cuanto pueda su santa Humanidad, en especial en su sencillez y caridad que le han movido a hacerse Niño para facilitar a sus creaturas el libre acceso a El.

Domingo a las 2

79. Que el pesebre es el trono del reino de la santa pobreza; mucho he deseado ser admitida cabe él, ya que dicha pobreza es la virtud más amada por el Rey de los Pobres, como lo ha demostrado el hecho de que a pesar de estar por toda la tierra, sólo le reconocen los que lo son en verdad y sencillez. Por eso, proclama su nacimiento por voces celestiales, para manifestar con ello que Dios mismo honra tal estado. Para participar de esa gracia, hay que corresponder sin demora a las santas inspiraciones, a imitación de los pastores.

Domingo a las 5

80. Tengo que tener gran confusión de mi orgullo e, imitando a la Santísima Virgen, humillarme no sólo en los motivos más ciertos que tengo para ello, sino también darme a Dios para servir al prójimo en una condición digna de crítica a los ojos del mundo, en seguimiento de Nuestro Señor en su conversación en medio de los pecadores y en toda su vida en la que despreció su propio interés material, en favor de sus creaturas: es lo que yo deseo hacer, si tal es su santa voluntad.

Lunes por la mañana

81. De la vida de Nuestro Señor de los 12 a los 30 años

Que debo consagrar el resto de mis días a honrar la santa vida oculta de Jesús en la tierra, el cual, habiendo venido para cumplir la voluntad de Dios su Padre, lo hizo toda su vida, y viendo que la vida ordinaria necesitaba más de ejemplos, consagró a ella más tiempo y siempre dentro de la práctica de la perfección evangélica, puesto que siendo rico, escogió la santa pobreza y la obediencia que le mantenía sumiso a la Santísima Virgen y a San José; yo le suplico con todo mi corazón me conceda la gracia de imitarle en esto, aunque sea indigna, y espero de su bondad que, después de habérnelo concedido durante tanto tiempo en deseo, me lo concederá en efecto.

La 2ª.

82. He de recordar que la humildad que Nuestro Señor practicó en su Bautismo tiene por fin, además de llenarme de confusión, servirme de ejemplo que debo imitar, ni más ni menos que haría un aprendiz con su maestro si verdaderamente desease llegar a ser perfecto, y no tener otro pensamiento, dejando el cuidado de todo lo demás a la divina Providencia.

En la Santa Misa y ofreciéndome intensamente a la Santísima Virgen para llegar a ser totalmente de Dios según su divino agrado y con deseo de imitar su santa vida, me ha parecido que Nuestro Señor hacia ver a su Santa Madre mi indignidad en el pasado y en el futuro; pero pensando que seria aceptada, pedí que le fuera manifestado algo a mi Padre espiritual sobre las cosas que tengo que preguntarle.

La 3ª. La Magdalena

Debo estar atenta a las atracciones divinas, lo que me dará valor para buscar y encontrar a Jesús en cualquier lugar que sea.

Lunes tarde: el lavatorio de los pies a los Apóstoles

83. No puede haber nada que me impida humillarme, teniendo el ejemplo de Nuestro Señor quien estando interesado, tanto por su gloria como por la enseñanza de sus Apóstoles, en que se le honre, no deja de abatirse hasta el punto de lavar los pies a sus Apóstoles ya muy cercano el tiempo de su pasión.

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