Luisa de Marillac, Pensamiento 022: Ejercicios Espirituales

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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Author: Luisa de Marillac .
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(hacia 1632)

65. 1. De la gravedad del pecado, como se manifiesta en los sufrimientos que Nuestro Señor padeció a causa de él; del orgullo y vanagloria. Recapitulación. De la excelencia infinita de Nuestro Señor y del bando que publica invitando a todos los hombres a seguirle.

2. De la resignación necesaria para poder oír la llamada de Jesucristo, renunciar a todas las cosas y seguirle. Recapitulación.

3. De la excelente manera con que Nuestro Señor unió la vida contemplativa y la activa. Recapitulación.

4. De la vida que Nuestro Señor llevó en Nazaret y de las tentaciones que padeció en el desierto. Recapitulación.

5. De la ley evangélica que Nuestro Señor proclamó en el Sermón de la Montaña, de sus excelencias y de la alta perfección a la que nos induce. Recapitulación.

6. De la aparición a todos los discípulos en el monte de Galilea, las cosas que les mandó y las promesas que les hizo. Recapitulación.

7. Del recogimiento y oración que tuvieron los Apóstoles desde la Ascensión hasta que recibieron el Espíritu Santo, Recapitulación.

8. De las obras maravillosas que hizo el Espiritu Santo, por medio de los Apóstoles en el día de Pentecostés.

66. Que Nuestro Señor ha querido unirse tan estrechamente a nosotros por Amor, que Dios su Padre castigó en El la enormidad del pecado; por lo tanto, nada puede separarme de Jesús si no es el pecado, el cual ha de ser castigado ahora personalmente; para evitarlo, debo unirme fuertemente a Jesús mediante la santa imitación de su vida.

Que el orgullo y todos sus efectos son grandes impedimentos en el alma para que se cumplan en ella las obras y designios de Dios; y reconociéndolos en mi con fuerza, me informaré de cómo puedo simplificar mi espiritu y humillarlo, no tanto para recibir las gracias de Dios, como para agradecer su amor en la recomendación que nos hace de esta virtud cuando nos enseña que la practiquemos no a causa de nuestra vileza, sino porque El es humilde de corazón.

Que he de dar voluntariamente a Jesús la posesión de mi alma, de la que ya es Rey por derecho propio, y trataré de conservar la alegría que me produce el ver el deseo y la posibilidad de hacer que cada uno de nosotros en particular seamos sus amado.

67. Puesto que Jesús hace suyas nuestras necesidades, es muy razonable que sigamos e imitemos su santísima vida humana; este pensamiento me ha ocupado profundamente el espíritu y en él he resuelto decididamente seguirle, sin distinción alguna, sino llena de consuelo al sentirme tan feliz de ser aceptada por El para vivir toda mi vida en su seguimiento. Para ello, he formado el propósito de, en toda ocasión dudosa, en la que no sepa cómo actuar, considerar lo que Jesús hubiera hecho, honrando su sumisión a su santa Madre como hijo dependiente de ella por algún tiempo. Y como pasara ante el Santísimo Sacramento, me he sentido fuertemente impulsada en mi interior a ponerme de grado en santa indiferencia para estar así mejor dispuesta a recibir la llamada de Dios y cumplir su santísima voluntad, teniéndome por indigna de que su bondad quiera tener designios sobre mi alma, los que deseo se cumplan enteramente en mi, y quiero ofrecerme a Dios por toda mi vida para ello.

Me abandonaré por entero entre las manos de Dios como agradecimiento por el gran amor que Le llevó a manifestarse a los hombres y por el conocimiento que les da de los medios que tienen para ser totalmente suyos.

68. Que todas las acciones del Hijo de Dios son sólo para nuestro ejemplo e instrucción y de manera especial 1. Palabra ilegible. Parece que el texto dice (meslée): mezclada con los hombres, que pasa desapercibida entre ellos… (¿?).su vida… 1, ya que por Si mismo y con su propio poder podía operar todas las obras milagrosas por El realizadas. Esto debe infundirme un gran valor y confianza para emprender cuanto pida de mí, ya que lo que yo no pueda, ya por mi incapacidad o por los demás impedimentos que hay en mí, Dios lo hará por su omnipotencia y bondad.

Que Jesús crecía ante Dios por las reiteradas virtudes de su santa alma, y ante los hombres por el conocimiento que poco a poco iban adquiriendo de su excelente virtud. Yo honraré este estado por mi deseo de que crezca en mi la gloria de Dios y por la sumisión que, en lo que pueda, tendré hacia las creaturas por amor a El.

69. La ley de mi Dios me obliga suficientemente como tal a practicarla y así me lo he propuesto con su santa gracia, pero el ejemplo de su amado Hijo en el cumplimiento de esa ley, nos da una gran enseñanza, y me hace tomar la resolución de ayudar en lo que pueda a mi prójimo a conocerla; me he encontrado muy indigna de tal ejercicio, y no he sabido hacer otra cosa para ello que ofrecerme enteramente a Dios para ejecutar ese deseo, en el que yo no tengo parte alguna.

Que lo que es un gran testimonio del amor que Dios nos tiene, es que se haya complacido en enseñarnos por su Hijo que seamos perfectos como El es perfecto, y así he de esperarlo de su misericordia, y que como El es impecable por naturaleza, me concederá la gracia de no querer ya pecar; he de hacer, pues, todo lo posible por abstenerme de ello, esperando también que Dios, por su sola bondad, me hará participar en las virtudes que están esencialmente en El; y no sólo desearé ese bien para mí sino para todas las creaturas creadas para El, y ello con la intención de honrar el abatimiento de todo un Dios para levantar a su creatura.

70. Que esa humildad de Dios al querer que seamos perfectos como El, ha de infundirme un gran valor, incitarme a una gran pureza en mis intenciones, y darme la seguridad de que no dejará de asistirme cuando me pida algo que esté por encima de mi capacidad.

Que he de tener una gran confianza en Dios y la seguridad de que su gracia ha de bastarme para cumplir su santa voluntad aunque aparezca en una cosa difícil con tal de que sea verdaderamente el Espíritu Santo quien me llame a ello lo que conoceré por las indicaciones que El mismo hará se me den.

71. Honraré la voluntad de Dios que dispuso que Nuestro Señor fuese conducido al desierto por su Espíritu Santo para ser allí tentado: lo primero sobrellevando con tranquilidad que el diablo me tiente y reprima mi orgullo de abatirme al pensar soy tentada, sin reconocerlo, principalmente en las apariencias de bien; honraré también este misterio con una fe viva y llena de confianza de que se cumplirán en mí los designios de Dios, cualquiera que sea el camino por donde me lleve, con tal de que yo me deje conducir.

Que debo imitar a Jesús como una esposa trata de identificarse con su esposo y puesto que para darme la mayor prueba de su amor que jamás haya dado, ha querido escoger el lugar más ignominioso, aceptaré la elección que El quiera que yo haga y de la manera más ruin y abyecta que pueda, y en el lugar en que hay más motivo de contento 2 BAUNARD. p. 46. lee un texto más «lógico»para el mundo 2.

72. Que el medio más seguro para recibir las gracias de Dios es el de obedecer a sus santas inspiraciones como hicieron los Apóstoles yendo, como les había (dicho) su Maestro, a la montaña donde quería aparecérseles. Consideraré aquí la caridad de los Apóstoles que, no contentos con ir ellos, por su ejemplo y palabras llevaron también a gran número de personas. He de imitar esto todo lo que pueda, procurando la salvación de mi prójimo para gloria de Dios.

Que debo demostrar gran honor y respeto a las personas que ocupan el lugar de los Apóstoles, puesto que Dios les ha conferido el poder de hacer de nosotros hijos suyos y comunicarnos su gracia por medio de los sacramentos.

73. Considerando el recogimiento de los santos Apóstoles, aprenderé yo también a mantenerme recogida mediante una grande y completa dependencia de la Providencia de Dios, de la que no me apartaré nunca y esperaré, mientras El quiera, a que se me muestre lo que pide de mi.

Que el motivo del recogimiento de los Apóstoles era principalmente el amor que tenían a su Maestro; así también, ese mismo amor ha de ser el único motivo de la dependencia en la que por su santa gracia quiero perseverar toda mi vida, deseando ese santo amor y esperando que después de haberlo solicitado con constancia en el tiempo, me sea concedido en la eternidad.

Que debo perseverar en la espera del Espíritu Santo aun cuando no sepa cuál será el momento de su venida; y aceptando esa ignorancia así como la de las vías por las que Dios quiere le sirva me he de abandonar enteramente a sus disposiciones para ser completamente suya, y para preparar a ello mi alma, he de renunciar voluntariamente a todo para seguirle.

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