Luisa de Marillac formadora de los laicos (VII)

Mitxel OlabuénagaLuisa de MarillacLeave a Comment

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5.3. DESDE LA FIDELIDAD A LAS ENSEÑANZAS DE NUESTROS SUPE­RIORES GENERALES

Con toda objetividad y verdad creo que el Superior general que más doctrina nos ha legado sobre este tema es el Padre Robert Maloney (1992-2004) Son muchas las llamadas que hizo en este sentido de colaborar en la formación de los laicos vicencianos. A él le debemos la sensibilización y motivación a traba­jar juntos como Familia Vicenciana, luchando contra la pobreza desde nuestro rico carisma. Él nos ha repetido que el trabajo en la formación de los laicos es cuestión de fidelidad a san Vicente y a santa Luisa y no sólo necesidad de los tiempos presentes. Así lo expresa en un artículo publicado en la revista Vincentiana: «Después del Vaticano II, con un conocimiento más preciso de la misión del laicado y de la necesidad de desarrollar una varie­dad de ministerios laicales, la Asamblea de 1998 vio esta nueva declaración de nuestro fin como un desarrollo orgánico de la percepción original fundacional de san Vicente. Él mismo había deseado reunir a jóvenes y ancianos, a ricos y pobres, a clérigos y laicos, a hombres y mujeres ‘para llevarles a participar más plenamente en la evangelización de los pobres».

En el mismo texto el P. Maloney nos ofrece las diez caracte­rísticas que debe reunir un vicenciano para ser formador:

  • Hondamente arraigado en la persona de Jesús,
  • Completamente inmerso en el carisma vicenciano,
  • En contacto con el mundo de los pobres,
  • Capaz de ser guía en el camino espiritual,
  • Un buen oyente de la Palabra de Dios y de los problemas de los otros,
  • Un buen comunicador, hábil en el uso de los medios actuales para implicar a otros en el proceso de formación,
  • Buen conocedor de la doctrina social de la Iglesia,
  • En diálogo con la vida de sus estudiantes y con la vida de los laicos,
  • En contacto con los distintos grupos de nuestra Familia Vicenciana,
  • Verdaderamente misionero

El P. Robert Maloney describe también el perfil de la perso­na laica o seglar vicenciana del siglo XXI. Este perfil se distin­gue también por diez características:

  • El seglar vicenciano será profundamente laico,
  • Será profundamente vicenciano, conocedor del carisma y capaz de vivirlo,
  • Poseerá una buena educación con capacidad para trabajar en equipo,
  • Será una persona cristiana bien formada en conformidad con las exigencias del mundo y del magisterio de la Iglesia,
  • Estará en contacto directo con el mundo de los pobres y contemplará a Cristo en el rostro de cada pobre,
  • Estará conectado electrónicamente a la red para conocer los problemas del mundo y trabajar en red por la evange­lización de los pobres,
  • Conocerá bien la Doctrina Social de la Iglesia,
  • Será miembro de un equipo desde el que aportará todo lo que pueda al servicio y evangelización de los pobres,
  • Ellos serán laicos de muchas razas en medio de un mundo globalizado y necesitado de Dios
  • Ellos, los laicos vicencianos serán verdaderamente misio­neros.

Los retos están bien claros; de nosotros depende la respues­ta… Santa Luisa de Marillac cumplió fielmente las característi­cas de una buena formadora, de acuerdo con las circunstancias de su tiempo. Ella nos enseña y nos abre el camino…

5.4. DESDE LA REALIDAD QUE VIVIMOS EN EL PRESENTE:

Teniendo en cuenta todo lo anterior y sabiendo que vivimos en un mundo que continuamente genera nuevas pobrezas, santa Luisa nos invita a saber acoger las llamadas de la Iglesia en lo que se refiere a la formación de los laicos. Es fácil y está a nues­tro alcance: dedicar parte de nuestro tiempo y colaborar en la for­mación de los laicos vicencianos como ella lo hizo.

Ella que era fiel hija de la Iglesia nos invita hoy, aquí y ahora, a hacer nuestros los objetivos propuestos por el Concilio Vatica­no II en el decreto sobre el Apostolado seglar en el n° 30-d:

  • Fomentar cuidadosa y asiduamente, según su .fin y carácter, la formación para el apostolado de los laicos vincula­dos a la Familia Vicenciana.
  • Proporcionar; planificar y ofertar una formación doctrinal a nivel moral coherente con el magisterio de la Iglesia, una formación bíblica y litúrgica que aliente la vida espiritual y el compromiso concreto de caridad con los más necesitados.
  • Revisar y evaluar en pequeños equipos, con los socios y amigos, los métodos y los frutos del esfuerzo apostólico, examinando a la luz del Evangelio el método de vida dia­ria que llevamos.

Y desde la llamada de nuestros superiores acogemos también el reto del cambio sistémico:

  • Propiciar la puesta en práctica de los principios del cam­bio sistémico a través de la mentalización y participación en proyectos de servicio que manifiesten nuestro sentido misionero.

Todo ello requiere por nuestra parte: Personas disponibles y capacitadas, comunidades acogedoras de puertas abiertas, ser personas espirituales que vivimos con hondura la comunión con Cristo y su Iglesia, la comunión con los pobres y la identifica­ción con el carisma; ser personas llenas de celo apostólico y entusiasmo que hablen más con el ejemplo que con las palabras, transmitir y contagiar alegría y esperanza en el servicio a los pobres…

Espero que el Espíritu Santo nos guíe y dé la fuerza necesa­ria para dar respuesta a estos retos. No es problema la edad avanzada sino la falta de fuego, la debilidad de la llama del amor de Dios en el corazón.

Mª Ángeles Infante

CEME 2010

 

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