Hoy, 25 de marzo [1659]1
Me había prometido el honor y la bendición de comulgar en su Misa, mi muy Honorable Padre, pero no lo merezco. Mucho es que la Providencia haya querido recordar a su caridad el hacer el favor de concederme medio cuando de hora de tiempo después, porque sin ello me hubiera visto muy apurada. Todas nuestras Hermanas que han tenido la dicha de hacer los votos, tanto las alejadas como las próximas, y con ellas yo, indigna, le suplicamos, mi muy Honorable Padre, nos ofrezca a Dios, en este soberano misterio, para que hagamos bien nuestra renovación, especialmente las doce que tendrán la dicha de asistir al Santo Sacrificio que ha de celebrar usted, en el cual esperamos participar por las necesidades que su caridad sabe tenemos, a la vez que le pedimos, con toda humildad, su bendición paternal. Permítame también que le encomiende a mis hijos y me diga, mi muy Honorable Padre, su muy humilde servidora.







