Se ha presentado un joven a decirnos buenamente que tiene obligación de que se eduque a un niño de 21 meses, sacado del poder de su madre. El quiere hacerse religioso y las condiciones que ofrece para descargarse de su obligación son: dar todos los meses al hospital 7 libras; dejar como pura donación a dicho niño la cantidad de 1.000 libras que se pondrían a rédito para que el niño pueda aprender un oficio cuando tenga la edad.
Algunos espíritus puntillosos de la Compañía sienten repugnancia por esa palabra Cofradía y no querrían más que Sociedad o Comunidad. Yo me he tomado la libertad de decir que dicha palabra nos es esencial porque podía servir de mucho para mantenernos con firmeza sin innovar nada, y que para nosotras significaba secularidad; y ya que la Providencia ha querido se añadiera Sociedad y Compañía, esto nos enseñaba que debemos vivir como regulares observando las reglas que hemos recibido al ser erigida nuestra Cofradía, tal como se nos ha explicado. Creo, mi muy Honorable Padre, que el señor Portail va a hablar de esto a su caridad, pero le suplico, si lo tiene a bien, que no aparezca que yo le he dicho nada a usted.
El dinero de Sor Luisa Ganset2 está a punto para ser entregado; pero como por la muerte del señor Bézé, ha cambiado de mano, la persona que ahora es su depositaría quiere unas letras del señor Du Fresne3. Le suplico humildemente, mi muy Honorable Padre, se tome la molestia de decírselo, si así lo estima conveniente, porque nuestra Hermana se debilita día a día y tememos no dure mucho, con lo que podría perderse lo que tiene intención de dar a la Compañía. Me parece es mi obligación tener este cuidado y también la de pedirle humildemente perdón por todas las molestias que le he ocasionado estos días últimos; es lo que me ocurre de ordinario y quiero corregirme, como de todas mis demás faltas, con su ayuda, mi muy Honorable Padre. Su muy humilde hija y agradecida servidora.







