Hija de la Caridad Sierva de los Pobres Enfermos
Bernay
Hoy, 9 de enero de 16591
Mi querida Hermana2:
Suplico a Nuestro Señor sea su fortaleza y su consuelo al comienzo de este año, para ayudaría a llevar generosamente, por su amor, todas las cruces que plazca a su bondad enviarle.
Es verdad que la elección que se ha hecho de esas buenas muchachas no ha dado resultado: la señora de la última no ha podido, al igual que nosotras, quedarse con ella; me parece que se ha vuelto (a su pueblo). En cuanto a la pequeña, no hay que pensar en mandarla, ya que es más joven todavía de espíritu que de cuerpo; le ruego que diga usted a su padre de mi parte, pidiéndole disculpas porque no le escribo, a causa de que no me encuentro bien, que su hija continúa en la misma disposición que le ha dicho; por eso, le ruego venga a buscarla; y hágale comprender que como nos ha sido inútil todo el tiempo y por lo tanto una carga, tendrá que pagar.
Tengo una noticia que temo mucho comunicarle, querida Hermana; es que ha sido del agrado de Nuestro Señor disponer de nuestra querida Sor Bárbara Angiboust3, que falleció el día de San Juan Evangelista, a las siete de la mañana, después de haber seguido practicando todas las virtudes que usted le ha visto practicar. Dios la ha honrado con las señales más excelentes de verdadera cristiana y sierva de Dios en su enfermedad: por su conformidad con la voluntad de Dios, por las elevaciones frecuentes de su espíritu a Jesús Crucificado y por una paciencia admirable. Así es, querida Hermana, como se complace Dios en empezar, ya en este mundo, a recompensar a sus fieles siervas. Hemos tenido también muy gravemente enferma a Sor María4, la hermana de Sor Ana5; pero ha sido del agrado de Dios devolverle la salud, y creo que ella le ha escrito.
Reciban las estampas y máximas del año con la bendición de nuestro muy Honorable Padre que le he pedido para las Hermanas. Le ruego redoblen sus oraciones por su conservación. Ha estado muy delicado todo este invierno, y lo está todavía, aunque va un poco mejor, gracias a Dios. Saludo a Sor Ana y soy de las dos, en el amor de Nuestro Señor, mi querida Hermana, su muy humilde hermana y afectísima servidora.







