Nantes
Hoy, 4 de enero de 16591
Muy querida Hermana2:
Suplico al amor de Nuestro Señor que inflame su corazón con sus santas llamas, para que su querida Comunidad perciba algunas chispas de ese fuego, a través de la cordialidad y tolerancia que suele usted tener. Formulo el mismo deseo para todas nuestras queridas Hermanas, a las que abrazo en espíritu, en el Amor de Nuestro Señor, ya que estas virtudes son absolutamente necesarias a todo cristiano, pero más especialmente a las Hijas de la Caridad. Alabo a Dios con todo mi corazón por la elección que su Providencia ha hecho de nuestras queridas hermanas de Angers3 para Nantes. ¡Cuánto bien espero de ellas por el reconocimiento que ha de animarlas al pensar en la fidelidad que deben tener! y las ruego que pongan atención y consideren que para agradar a Dios no es necesario sentir siempre gozo y consuelo, puesto que el Hijo de Dios hizo la obra de la salvación del mundo en medio de tristezas y dolores, y es muy razonable que si queremos tener parte en sus méritos nos sobrepongamos y aceptemos los sufrimientos.
Acabo de recibir sus cartas, pero no he tenido aún tiempo de leerlas; sólo le digo que Dios se ha servido afligirnos llevándose a Sor Bárbara Angiboust4, que nos ha dejado grandes ejemplos de virtud, tales que creo que si nuestras Hermanas los supieran, esto bastaría para animarlas en la conquista de la bienaventurada eternidad. Suplico a Nuestro Señor que las ilumine a todas dándoles su santa bendición en el comienzo del año, durante el cual les deseo la fidelidad en cumplir la santísima voluntad de Dios, en la que soy, como de todas nuestras queridas Hermanas, su muy humilde y afectísima hermana y servidora.







