Señora:
Me creo obligada a poner en su conocimiento que desde hace un año las Hijas de la Caridad que están en Chars se han visto muy probadas por dos motivos muy diferentes fruto del celo del señor Cura: el primero no puedo decírselo por escrito, el segundo se refiere a la estabilidad que él querría hubiese en aquel lugar, sin que tuviéramos libertad para cambiar Hermanas como hacemos en todas partes y según las condiciones que convinimos con usted, señora. El respeto que debemos a las disposiciones de la Providencia sobre la Compañía y también a las personas a quienes inspira servirse de ella para servir a los pobres, nos ha impedido retirarlas. Pero éste es el motivo, señora, por el que me tomo la (libertad) de enviarle esta carta de aviso que me han encargado le dirija,2 a la vez que le suplico humildemente nos dé usted su parecer que seguiremos con la mejor voluntad; esperando que con su nueva protección se apaciguarán esas pequeñas persecuciones que han arreciado más desde la última Cuaresma, durante la cual y desde entonces ha permanecido allí un Padre del Oratorio del arrabal de Santiago.3 Si Dios me concede la gracia de poder verla, ya le hablaré de ello más extensamente; entre tanto, le presento mis humildes respetos y soy en el amor de Nuestro Señor, señora, su muy humilde y obediente servidora.







