Hoy, sábado por la tarde [mayo 1657]1
Pienso, mi muy Honorable Padre, que la actitud de Sor Juana Lepintre2 y de los Señores de Châteaudun requiere que sea su caridad quien se tome personalmente la molestia de escribir por segunda vez a nuestra dicha Sor Juana, y así no dar lugar a que se falte a la obediencia ni tampoco a lo convenido con esos señores que me parece querrán aprovechar el menor pretexto o dar largas para no hacer al fin sino lo que a ellos les parezca. Esa es la razón, mi muy Honorable Padre, por la que no he escrito yo, pues tengo la seguridad de que ellos sacarían otras razones por su parte. Aquí le remito sus cartas para que si su caridad ve que el mal no era tan grande en Sor Carlota,3 le ordene permanezca allá, y así Sor Juana podría venirse acompañando a la pretendiente, mientras que allí quedarían tres hermanas recién vestidas,4 lo que dejaría contentos a esos señores. El mensajero sale mañana domingo, y no volverá a salir hasta dentro de tres días. Pido por amor de Dios a su caridad me dé su bendición y la posibilidad de hablarle, por creerlo necesario, pero cuando usted pueda en estos próximos días, suplicándole me considere delante de Dios y por voluntad suya, su muy pobre hija.







