Hoy, 2 de abril de 16571
Mi muy Honorable Padre:
Aun cuando dudo si el pensamiento que voy a exponerle será factible, no me atrevería a dejar de decirle que me parecería muy útil para la Compañía el que, en los despachos del sello o bien en la verificación por el Parlamento,2 considerando la utilidad pública de la Compañía y teniendo en cuenta la fragilidad del sexo y sus empleos en diversos lugares, el Rey o el Parlamento la tomasen bajo su particular protección, tanto a la Compañía en general, como a cada una en particular, prohibiendo expresamente a todas salir de dicha Compañía sin el consentimiento del Superior y asimismo salir de ella con el sencillo hábito que llevan, dando poder si tal ocurriera, para proceder jurídicamente contra tales personas como refractarias a las ordenanzas del Rey o del Parlamento. Si esto que propongo3 es completamente ridículo, sé que su bondad perdonará esta falta, con las demás que acostumbra a cometer su muy humilde hija y obediente servidora.
P.D. ¿Quiere hacer el favor, mi muy Honorable Padre, de ver los defectos que tiene esta carta para la Señora Cancillera? Si el contenido puede pasar, ¿no tendré, sin embargo, que volver a copiarla a causa de las tachaduras? Si me hubiera atrevido a mencionar la aprobación de usted, creo hubiera tenido más fuerza.







