Hoy, 16 de febrero [1657]1
Mi muy Honorable Padre:
Aquí tiene el documento que tanto trabajo me ha costado conseguir, me lo han prestado por ocho días más; se lo envío a su caridad bien cerrado para que no puedan verlo más que quienes lo juzgue usted a propósito.
Le suplico por amor de Dios me permita continuar las comidas como las vengo haciendo desde que empezó la Cuaresma: huevos y caldo de cebada; tengo motivos para creer que me vienen bien templando el ardor de la sangre, por cierto alivio que experimento en las pulsaciones de las arterias. Le pido sencillamente esta gracia mientras no advierta en mí otra necesidad que me obligue a cambiar, aunque temo hacerlo más por apego a mi salud que por obediencia al precepto, tan miserable soy, y sin embargo, me tengo, mi muy Honorable Padre, por su muy humilde hija y agradecida servidora.







