Hoy, 13 de enero de 16571
Mi querida Hermana:
He comunicado al (señor Vicente) la dificultad que tiene usted en dirigirse a un confesor y me ha dicho le ruegue se confiese con el mismo que Sor,2 por razones muy importantes. Me parece, querida hermana, que el hecho de que pida usted consejo demuestra su sumisión, y que el acto de obediencia que va usted a hacer le tornará fácil la dificultad hasta ahora encontrada, gracias a la bendición que Nuestro Señor va a dar a dicho acto. es así como hay que hacer para no desviarse de la voluntad de Dios. No dejaré de escribir al señor cura de Nanteuil, para que me dé noticias de sus hermanos, como lo desea usted, y se las transmitiré tan pronto como las reciba. Alabo a Dios por las bendiciones que da a su trabajo. Pero creo recuerda usted que, para que el servicio que le prestamos le sea grato, es necesario que parta de un corazón bueno, es decir, que sepa ejercitarse en la mortificación de su propio juicio, de su propia voluntad y de la satisfacción de sus sentidos y pasiones; sin esto, querida Hermana, nuestras acciones no son más que ruido y con ellas sólo el amor propio queda satisfecho, alejando el puro amor de Dios, que es la piedra filosofal que lo convierte (todo) en oro, es decir, que hace meritorias todas nuestras acciones. No dudo, querida Hermana, que el deseo que tiene usted de agradar a Dios y lograr su salvación la mantendrá vigilante sobre usted misma, tanto para darse cuenta de si está usted haciendo lo que Nuestro Señor quiere que haga, como para advertir las faltas en que pueda caer.







