(hacia 1656)1
Mi querida Hermana:2
Suplico a Nuestro Señor continúe derramando en usted sus santas gracias y bendiciones. Les agradezco, a las dos, con todo mi corazón, tanto interés como su caridad ha tenido por la prolongación de la vida de este ruin cuerpo que tanto ofende a Dios en la tierra; parece que su misericordia ha querido, en efecto, prolongarla pero no puede ser por mucho tiempo. Por eso, queridas Hermanas, les ruego me manifiesten su afecto intercediendo ante Nuestro Señor por mi salvación, en la que podría esperar si el resto de mis días cumpliera su santa voluntad. Pídanle para mí esta gracia; yo les prometo hacer lo mismo por ustedes, con la confianza de que su fidelidad a Dios en la observancia de sus Reglas, que pronto esperamos poder enviarles, atraerá sobre ustedes el fruto de nuestras pobres oraciones, no atreviéndome a esperarlo sin esa condición, a causa de mis miserias.
Su confianza en hablarme cordialmente me ha consolado más de lo que podría expresarle; así es, querida Hermana, como deben portarse las que Nuestro Señor ha unido con su santo amor. Le ruego crea que mi afecto es recíproco.
Veo por su apreciada carta que nuestra buena Sor Carlota3 sigue probada por sus dolencias. No dudo, querida Hermana, de cómo la ayuda usted a sobrellevarlas cristianamente, para que gracias al buen uso que haga de esa prueba, Nuestro Señor se sirva de ella para santificarla, por los méritos de su santa vida y preciosa muerte en la cruz por nosotros. Como sus males no han comenzado en Richelieu, no parece necesario pensar en que cambie de lugar. ¿No es verdad, querida Hermana, que experimenta usted alegría al poder servirla en sus necesidades y que la considera como la primera de sus enfermos y la amada compañera que Dios le ha dado para ayudarla a caminar hacia la perfección? No tenga dificultad en dejar alguno de sus ejercicios ya para asistir a su Hermana, ya para servir a los pobres por amor de Dios, porque eso es lo que El pide de usted. Ahora bien, la cosa en la que debemos poner más empeño y considerarla como el mayor honor que podamos recibir, es cumplir el deseo de nuestro divino Maestro.
Siento mucho hayan podido creer éramos desagradecidas al no haber recibido las cartas nuestras en que les manifestábamos nuestra gratitud por lo que nos han enviado. Es interés nuestro recibir sus beneficios, pero en esta ocasión encuentro todavía mayor consuelo al ver en ellos el de ustedes; ya que, querida Hermana, en esta sola acción veo varios actos de virtud de gran mérito, como es la caridad de ustedes para que se formen varias jóvenes para poder llegar a servir a Dios y a sus pobres; además del desprendimiento y abandono a la Providencia que por parte de ustedes representa. Sí, tiene usted razón, querida Hermana, en pedir a Nuestro Señor purifique todas sus intenciones y me parece que, por su parte, usted coopera en ese sentido con su divina gracia.
Con mis cartas anteriores le había hecho esperar a usted, lo mismo que a su compañera, que las haríamos venir aquí la una después de la otra, pero hay que esperar la hora de Dios.
En cuanto a sus reglamentos, trataremos de mandárselos por la primera ocasión segura. Dense con buena fe a la práctica de lo que ya conocen de ellos, y créanme en el amor de Jesús Crucificado, mis dos buenas y queridas Hermanas…
P.D. Nuestras Hermanas las saludan con todo afecto, y nuestras dos cooficiales se afanan por darles noticias nuestras. Si nuestro buen Dios continúa sus bendiciones a la Compañía, no vamos a tener nunca suficientes Hermanas para enviarlas a todos los lugares desde donde se las piden a nuestro muy Honorable Padre. La Reina ha pedido 3. María Marta Trumeau e Isabel Brocard, que salieron para La Fère el 29 de julio de 1656.vayan dos a La Fère 3 y su Majestad quiere se queden de fijo allí. Otras 4. Margarita Chétif y Radegunda Lenfantin, que marcharon a Arras el 30 de agosto de 1656.dos han marchado a Arras 4. En fin querida Hermana, nos vemos obligados a rechazar establecimientos de lo que tenemos que humillarnos mucho. Pida esta gracia a Nuestro Señor para mí y para toda la Compañía.







