Hija de la Caridad, Sierva de los Pobres Enfermos,
(Bernay)
Hoy, 20 de junio (1656)1
Mi querida Hermana:2
He recibido por lo menos dos cartas suyas, que le agradezco con todo mi corazón. No recuerdo de momento lo que me dice en la última, que me ha consolado mucho al ver su firmeza para el cumplimiento exacto de las reglas. Estoy convencida de que la misma disposición existe en nuestra querida (Sor) Bárbara;3 por eso, querida Hermana, le suplico que, si a veces no es usted tan puntual ya a todas las horas, ya, en caso de necesidad, hasta tener que dejar algún ejercicio, si es por orden de ella, tenga la seguridad de que ella es la primera en sentirlo, aunque comprenda que es dejar a Dios por Dios cuando se deja algún ejercicio a causa del servicio a los Pobres.
Le he rogado, querida Hermana, me diga si entre los demás ejercicios no omiten ustedes el de comunicarse la oración y el de hacer los viernes la breve conferencia. Le aseguro, querida Hermana, que no sé de otro ejercicio más apto para hacernos fieles a Dios y mantenernos cordialmente unidas en su santísimo amor.
Tengo que decirles otra práctica que nuestro muy Honorable Padre nos ha recomendado en la última conferencia que su caridad nos ha dado, y es la de que tan pronto como nos demos cuenta de que hemos disgustado o estamos disgustando a una de nuestras Hermanas o a varias de ellas, nos pongamos inmediatamente de rodillas para pedirles perdón… ¡Ah! ¡qué práctica! Se la recomiendo, por amor a Nuestro Señor, en el que soy, querida Hermana, su muy humilde hermana y servidora.







