(hacia septiembre de 1655)1
Encomiendo a sus oraciones el estado de la pobre Polonia, especialmente la conservación de las personas del Rey y de la Reina que tanto bien hacen a los pobres; ruegue por esto pero sobre todo porque se conserve la fe en ese pobre Reino que se halla en gran peligro de perderla, lo que sería la mayor de las aflicciones; no se olvide de nuestras pobres Hermanas que allí se encuentran. Las tres últimas que salieron para ir allá, han regresado desde Ruán,2 en lo que debemos admirar la protección de la Divina Providencia sobre nuestra pequeña Compañía; no seamos desagradecidas a ella y que esto nos ayude a ser fieles a Nuestro Señor y a la práctica de nuestras reglas.







