Hijas de la Caridad Siervas de los Pobres enfermos, en 1. Margarita Moreau, Magdalena Drugeon y Francisca Douelle, que habían llegado a Polonia el 7 de septiembre de 1652.Varsovia 1
Hoy, 19 de agosto de 16551
Mis muy queridas Hermanas:
Por fin ha llegado el momento escogido por la divina Providencia para la marcha de nuestras queridas Hermanas,2 a las que vemos alejarse con dolor por tener que separarnos de ellas, y con alegría por la seguridad que tenemos de que van a cumplir la voluntad de Dios y unirse a ustedes para el cumplimiento de sus santos designios en el Reino de Polonia. ¡Ah! queridas Hermanas, ¡qué importantes son esos designios! Suplico a la bondad de Dios que se lo haga conocer, en la seguridad que tengo de que, tal conocimiento operará en ustedes una gran humildad y confusión al verse escogidas para tal empleo y les dará la voluntad de no hacerse indignas de él ¿Y qué es lo que haran ustedes para ello, queridas Hermanas, y yo con ustedes? Es que tenemos que hacer morir enteramente nuestras pasiones e inclinaciones por la mortificación de nuestros sentidos, y que nuestros corazones también lo deseen con avidez para poder quedar llenos de amor, por la gracia de Dios, de tal suerte que su bondad reciba como agradables los sacrificios de ustedes mismas que con frecuencia ofrecen a su divina Majestad, y también los servicios que prestan a los Pobres, en la forma en que se lo ordena la Reina, ya por sí misma, ya a través de la buena señorita de Villers3 u otra. Si tuviera usted la seguridad de que se les hablaba de parte de Su Majestad, Sor Margarita4 le dirá a este respecto todo lo que Nuestro muy Honorable Padre le haya ordenado.
Mis queridas Hermanas, siempre me han dicho ustedes que no formaban más que un corazón entre las tres; en nombre de la Santísima Trinidad, a quien han honrado y deben honrar, les ruego que lo ensanchen y que nuestras tres Hermanas puedan entrar en esa unión cordial, de tal suerte que no se distinga cuáles son las tres primeras y cuáles las tres últimas. Les aseguro que ellas van en esa disposición, con un espíritu de querer agradar puramente a Dios; todas ellas sin apego a su propio interés, ni siquiera a su propia satisfacción, lo mismo que ustedes, queridas Hermanas. No es que la naturaleza no ofrezca, ni siquiera a los más perfectos, ocasiones de tener que combatir, pero bien saben que tal es la prueba de la fidelidad de las almas que quieren ser totalmente de Dios. No se extrañen, pues, de ello, queridas Hermanas; en esos momentos es cuando nuestros espíritus deben elevarse más generosamente, para, a pesar de la naturaleza, hacer prácticas de alta virtud, con humillaciones inmediatas, dulcificando el corazón y dando pruebas de que se quiere ser verdaderamente cristiana; honrando así a Nuestro Señor Jesucristo por la práctica de las virtudes que su santa humanidad nos ha enseñado por sí misma.
¿Quieren, queridas Hermanas, que les pida una cosa que me parece necesaria? Es que no hablen nunca ustedes en polaco sin hacer entender a las Hermanas lo que están diciendo; esto les ayudará a aprender más pronto la lengua e impedirá otros inconvenientes que podrían ocurrir si obraran de otro modo.¿Saben ustedes, queridas Hermanas, en qué espíritu, con relación a Dios, van nuestras Hermanas? Es para cumplir su santa Voluntad sirviendo a los Pobres en espíritu de sumisión y caridad; con relación a la Reina, van para honrar en ella las gracias sobrenaturales de que Dios la ha colmado y obedecerla en todo, seguras de que nunca ha de ordenarles nada que las desvíe de Dios y de sus obligaciones; y con relación a ustedes, queridas Hermanas, van animadas de una gran estima por la elección que ha sido del agrado de Dios hacer de ustedes para que fueran las piedras fundamentales de ese establecimiento, pensando que todo el mérito es de ustedes y que por eso la divina Providencia las ha puesto al abrigo de sus alas para conducirlas, sin más compañía y a ciegas sin saber a dónde iban. Y no crean que todo esto les inspira celos o envidia; al contrario, tienen consuelo en marchar siguiendo sus pasos y esperan encontrarlas habituadas ya y ejercitando lo que Dios pide de ustedes y de ellas; esperan también, querida Sor Margarita,5 que usted no les negará los consejos de que tengan necesidad, y lo mismo !as demás Hermanas, pues ya saben ustedes que van en la ignorancia de cómo se sirve a los pobres en ese lugar.
Me parece, mis queridas Hermanas, que nunca me regocijaré bastante de la unión que creo reinará entre ustedes, en palabras y en obras, desde su interior y mostrándose exteriormente, lo que edificará a toda la familia y a los de fuera; de suerte que para ustedes seis no habrá secreto alguno, y que será secreto para los de fuera todo lo que ocurra en la casa entre ustedes seis. Y siendo esto así, ¡cuánto bien se puede esperar, queridas Hermanas!
Suplico a la bondad de Nuestro Señor que les dé las bendiciones necesarias para hacer cuanto pide de ustedes, y soy en su Santo Amor, queridas Hermanas, su muy humilde Hermana y afectísima servidora
P.D. Creo que no es (necesario) recomendarles pidan por la conservación de Nuestro muy Honorable Padre.
Les envío tres medallas iguales que las que he dado a nuestras hermanas; el señor Berthe6 les explicará las indulgencias que tienen.
- C. 500 Rc 3 lt 447. Carta autógrafa.
- Margarita Chétif, Magdalena Raportebled y Juana Lemeret, van a Polonia con tres sacerdotes de la Misión: Juan Lasnier, Aubin Gontier y Tomas Berthe. Su viaje quedaría interrumpido en Ruán, debido a los acontecimientos políticos, de la guerra en Polonia.
- Señorita de Villers (ver C. 472 n. 2).
- Margarita Chétif que llega con las recomendaciones del señor Vicente y de
- Margarita Moreau que está ya en Polonia.
- Señor Berthe (ver C. 281, n. 3) que va también a Polonia.







