Hoy, sábado [agosto 1655]1
Mi muy Honorable Padre:
Permítame suplique a su caridad no se hable de mí en la elección de las «Oficialas»;2 ese vocablo de primera Asistenta dará ya suficientemente a conocer que soy lo que he sido y no impedirá que no lo sea ya cuando Dios le dé a conocer que es necesario así. Las razones que tengo son, a lo que me parece, que debo estar en completa dependencia de la dirección de Dios; que si fuera nombrada por la Compañía, esto podría tener consecuencias después para mí; y, además, que siento no sé qué repugnancia en ser aceptada o elegida por ella. Con la sencillez que su caridad me ha recomendado siempre, me tomo la libertad de hacerle esta humilde súplica, como también de decirle una vez más que la mayoría de nuestras Hermanas sentirán repugnancia por la palabra Cofradía, sin más; es muy de desear que la Compañía no cambie nunca su primitiva forma para que el servicio a los pobres se haga siempre de la misma manera; el ejemplo de los que empezaron siendo Cofradía no es satisfactorio porque han acabado en religión. Perdone, mi muy Honorable Padre, a su humilde hija y obediente servidora.
- C. 498 Rc 2 lt 445. Carta autógrafa. Dorso: agosto 1655 (H. Duc.).
- La asamblea para la elección de las Oficialas iba a celebrarse el 8 de agosto de 1655 (SVP, Xlll, 693; Síg., X 715). Por fin, San Vicente no procedió a elección alguna en esta ocasión, sino a nombramiento «dado que la primera vez es de la competencia del que ha establecido dicha Cofradía nombrar a estas Oficialas…» (Nota de la traductora).







