La joven de la Roche-Guyon que Sor Ana Hardemont2 trajo consigo, insiste en querer marcharse porque dice que no podrá acostumbrarse a nuestro género de vida. Le suplico, mi muy honorable Padre, se tome la molestia de decirnos si la dejamos marchar. Tengo motivos para temer haya yo contribuido a ello, porque estos días decía que no le ponía buena cara; es verdad que manifesté a Sor Ana que hubiera sido mejor esperar a que ella hubiese hablado con su caridad. Todo esto creo que me obliga a hacerle diferir (su propósito). Espero, mi muy Honorable Padre sus órdenes para obedecerlas, aunque sea infiel en la práctica, que es lo que me hace cometer tantas faltas de las que le pido humildemente perdón, juntamente con su bendición para cobrar nuevas fuerzas, si su caridad me hace el favor.
Luisa de Marillac, Carta 0489: Al señor Vicente

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