Hija de la Caridad
Sierva de los Pobres enfermos en Châlons – Champaña
Hoy, 18 de marzo (1654)1
Mi querida Hermana:2
Mucho me extraña que los señores de la ciudad la retengan, puesto que hace mucho tiempo nos han dicho que les habían entregado a todas el dinero para regresar. No obstante, el señor Vicente es de parecer que espere usted a tener el consentimiento de ellos. No duda usted de que deseo mucho verla, pues desde que fue herida, me parece es usted para nosotros algo más próximo todavía. Alabo a Dios con todo mi corazón por la fortaleza que le ha dado y porque la ha preservado. Esto me hace pensar que su bondad quiere servirse de usted todavía y me imagino que no deja usted de darse a El con frecuencia para cumplir su santísima voluntad.
Por lo que se refiere a las dos jóvenes de que me habla, si está usted bien informada de su vida y costumbres, si les ha dicho ya todo lo que tendrán que hacer, los reglamentos de la casa, tanto en lo que concierne al cuerpo como al espíritu, y las juzga usted aptas, puede enviarlas o bien traerlas usted misma si ha de venir pronto; haciéndoles saber, sin embargo, que han de venir en plan de prueba, que se las probará, pues; y que necesitan tener la cantidad suficiente para su primer hábito y para el viaje de ida y vuelta, en caso de que ésta fuera necesaria. Le digo esto, querida Hermana, porque es muy importante que las jóvenes traigan esas disposiciones, aun cuando sean muy aptas. No he recibido contestación a la carta de la señorita Parisolle, pero aquí le incluyo una de su sobrina.
Una medicina que he tomado hoy me impide escribirle yo misma,3 pero nada me impide decirme, en el amor de Nuestro Señor Crucificado, querida Hermana, su muy humilde hermana y servidora.







