Hija de la Caridad, Sierva de los Pobres
Hoy, 13 de noviembre (1653)1
Mi querida Hermana:2
Alabo a Dios con todo mi corazón por las disposiciones de su Providencia sobre todas las cosas y, en especial, sobre el trabajo en el que su bondad las ha empleado. Espero que su reconocimiento por ello les servirá de preparación a las gracias que necesitan para servir a sus pobres enfermos con espíritu de mansedumbre y gran compasión, a imitación de Nuestro Señor que así trataba a los más molestos. Bien se ve, querida Hermana, que su bondad quiere servirse de usted y que se reserva su dirección. Consúltele con frecuencia en sus necesidades interiores y exteriores, y yo le ruego que el poco tiempo de que disponen para hacer lectura lo empleen en leer su reglamento, todos los meses, y en la Imitación de Nuestro Señor o en Filotea: esto es lo más necesario para las Hijas de la Caridad. En nombre de Dios, querida Hermana, piense con frecuencia que no basta con que nuestras intenciones sean buenas y nuestra voluntad inclinada al bien, ni con hacer nuestras acciones puramente por amor de Dios, porque juntamente con el mandamiento de amar a Dios con todo nuestro corazón, hemos recibido el de amar a nuestro prójimo, y para cumplir este último es preciso que todo nuestro exterior le edifique, como por la gracia de Dios, lo hace usted.
He mostrado su carta al señor Vicente, y él la ruega esté usted por completo sometida al señor Obispo de Châlons a quien debemos mucho agradecimiento; y que con su beneplácito, sea usted la que vaya a Sainte Menehould, y Sor Bárbara3 se quede en Châlons con Sor Petra,4 si todavía está ahí. En cuanto a lo demás, tanto respecto del número como de la elección de las otras,5 véanlo juntas entre Sor Bárbara, usted y Sor Petra. Saludo con todo mi corazón a todas nuestras queridas Hermanas, suplicando a Nuestro Señor les dé su espíritu para que le sirvan a mayor gloria de su Padre y edificación del prójimo, y soy en su santísimo amor, mi querida Hermana, su muy humilde hermana y servidora.







