Luisa de Marillac, Carta 0441: Para Sor Juana Lepintre

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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Author: Luisa de Marillac .
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Hoy, 16 de septiembre (1653)1

Muy querida Hermana:2

Espero que la visita del señor Alméras3 habrá disipado todas las inquietudes que ensombrecían su espíritu y que la sencillez de sus palabras llenas de verdad le habrá hecho comprender que la manera de proceder de unos y otros es recta y sin doblez.

¡Qué feliz es usted, querida Hermana, por conocerse tan bien y por amar tanto la santísima voluntad de Dios, nuestro único bien si es que se cumple en nosotras! Suplico con todo mi corazón a esa divina voluntad se haga oír en el suyo, enseñándola la tolerancia y paciencia que debe tener consigo misma especialmente en dos puntos: uno es cuando cree usted no estar bastante enterada de las cosas que pasan; el otro, la pena que puede causarle la repugnancia que siente en comunicarse y en creer que no tiene personas que le sean adecuadas. Recordemos, querida Hermana, a la gran Santa Teresa, que tenía muchos más asuntos que nosotras y de más importancia, para los cuales necesitaba pedir consejo, y aunque las personas que ella hubiera deseado no las tenía a mano, tenía tan gran humildad y sencillez que pedía libremente consejo a aquéllos a quienes la Providencia le enviaba como directores y los escuchaba como si Dios mismo le hubiera hablado, contentándose con lo necesario y dejando lo demás sin afligirse a la dirección de Dios. Estoy segura, querida Hermana, de que ha experimentado usted que allá donde los hombres nos faltan, Dios se nos comunica con más abundancia, y que es lo mejor para nosotras querer sacrificarle todas las satisfacciones que nos proporcionaría el comunicar hasta el menor de nuestros pensamientos, lo que sería un entretenimiento del espíritu sin ningún provecho.

Creo habrá usted recibido en los primeros días de la semana pasada las cartas en las que el señor Vicente daba orden de marchar a nuestras Sor Ana4 y Sor Luisa,5 y que no habrán dejado de hacerlo. Aquí tiene usted a dos de nuestras mejores Hermanas6 las cuales les enviamos. Quiero creer, Hermana, que pone usted gran cuidado en no demostrar más afecto a unas que a otras; y si algunas le son más fieles, no por eso les dé usted a entender que desea que ellas le avisen, sino escúchelo con indiferencia sin descubrirle las faltas de las que faltan.

En una palabra, querida Hermana, creo que Nuestro Señor ha de concederle todas las gracias de que necesita para restablecer la unión en su Compañía, para que Dios sea glorificado en ella. En su santísimo amor, soy, querida Hermana, su muy humilde hermana y servidora, muy agobiada de asuntos.

P.D. Un saludo a todas nuestras queridas Hermanas.

  1. C. 441 Rc 3 lt 370. Carta autógrafa.
  2. Juana Lepintre (ver C. 75 n. 1).
  3. El señor Alméras (ver C. 197 n. 2).
  4. Ana Hardemont (ver C. 120 n. 2).
  5. Luisa Michel (ver C. 406 n. 3).
  6. Genoveva y Nicolasa Haran (ver C. 528 n. 1).

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