Luisa de Marillac, Carta 0433: A mis queridas Hermanas las Hijas de la Caridad

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

CREDITS
Author: Luisa de Marillac .
Estimated Reading Time:

Siervas de los Pobres Enfermos del Hospital

Angers

18 de junio (1653)1

Mis queridas Hermanas:

Han estado ustedes muy afligidas con motivo de la enfermedad de nuestra querida Sor Cecilia,2 a quien pido a nuestro buen Dios les conserve, así como a nuestras queridas Sor Claudia3 y Sor María,4 que también están enfermas. Espero, queridas Hermanas, que han recibido ustedes esta aflicción como venida de la mano de nuestro Padre común que sabe lo que nos es necesario y nos aflige y consuela cuando le place. Pero ¡qué digo!, queridas Hermanas, si amásemos como debemos su santa voluntad, nada nos afligiría, porque bien sabemos que nos ama y quiere nuestro bien en todo. También han tenido ustedes motivo de mortificación sensible al perder la esperanza de poder confesarse con el señor Du Chesne5 para ganar el Jubileo. ¡Ah! mis queridas Hermanas, hagamos como los buenos administradores, que sacan provecho de todo, y piensen que no son los consuelos y satisfacciones de las criaturas y de nosotras mismas lo que hemos de buscar, sino a Dios solo, yendo a Él por el mismo camino de su Hijo, cuyo ejemplo no nos enseña otra cosa que mortificación interior y exterior. Tengo algún motivo (para creer) que tienen ustedes que pasar un poco por parte de personas que están por encima de ustedes. Si verdaderamente es así, queridas Hermanas, pidan a Nuestro Señor el espíritu de abatimiento y sumisión a sus disposiciones. Pongan cuidado en no ofender a nadie y sobre todo en ser sinceras y desinteresadas. Sí, ¡qué bueno es, queridas Hermanas, sufrir por la justicia! pero cuidemos mucho de no ser, voluntariamente, causa de aquello de que se nos acusa; es decir, no demos pie a esas acusaciones con nuestra conducta defectuosa y muy especialmente con nuestras curiosidades y conversaciones sobre cosas en las que no debemos meternos. No dudo, queridas Hermanas, de que cuidan afectuosamente a nuestras buenas Hermanas enfermas, a las que saludo con todo mi corazón. Ya ven, Hermanas, no pueden ustedes dudar de que sea el santo Amor el que las ha puesto en ese estado en que se encuentran, puesto que se han mostrado fieles a su vocación. Siendo esto así, aunque no tenemos por qué juzgar de ello, debemos aceptar todo el trabajo y sujeciones que sus enfermedades puedan proporcionar, demostrándoles que se les sirve de corazón y el deseo de aliviarlas. Suplico a Nuestro Señor les conceda a ustedes la gracia de llenarlas de su Espíritu, para que las sobrelleven y asistan con espíritu de caridad y mansedumbre, por su santo Amor, en el que soy, queridas Hermanas, su muy humilde hermana y servidora.

  1. C. 433 Rc 3 lt 310. Carta autógrafa.
  2. Cecilia Angiboust (ver C. 36 n. 2).
  3. Claudia Chantereau (ver C. 481 n. 2).
  4. María Donion (ver C. 448 n. 2).
  5. El señor Du Chesne pasó rápidamente a principios de febrero, véase nota 2 de la C. 426.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *