Luisa de Marillac, Carta 0426: A Sor Cecilia Angiboust, Angers

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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Autor: Luisa de Marillac .
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8 de febrero de 16531

Mi querida Hermana:2

Tomo parte en su dolor por haber tenido tan poco tiempo para hablar con el señor…;3 es necesario someterse a las disposiciones de la divina Providencia y adherirse fuertemente a Dios para sufrir la privación del consuelo de las criaturas. Bien sabía nuestro buen Dios sus necesidades y podía haber hecho detenerse más tiempo al buen señor… si ello hubiera sido necesario para su gloria y el bien de usted. Permanezca, pues, en paz, con la confianza que debe usted tener en el amor de Nuestro Señor. ¡Tenemos tantos motivos de hacerlo así!, queridas Hermanas, por las seguridades que El mismo dio a sus discípulos estando todavía en la tierra, cuando quería atraerse su amor y les apremiaba a que no se inquietaran por sus personas ni sus necesidades. Sean, pues, animosas avanzando por momentos por el camino en el que Dios las ha puesto para que vayan hacia Él. En nombre de Dios, queridas Hermanas, hagan lo posible para ayudar a las almas de sus pobres enfermos a hacer actos de fe, esperanza y caridad, necesarios para la salvación.

Enséñenles a aborrecer el pecado y amar la virtud, para que formen resoluciones de vivir como Dios manda, si llegan a curar, o se dispongan a (bien morir). Y para que se preparen a ello, procuren hacerles desear confesarse y así aplacar la ira de Dios irritada contra ellos a causa de sus pecados; después, quédense en paz, ayudándoles con sus oraciones. Ya sé que no pueden dedicar mucho tiempo a esto, pero yendo y viniendo pueden hacer muchos actos interiores que les ayuden, y excitar a todas las Hermanas a que hagan lo mismo.

Les envío sus santos protectores del año, suplicando a Nuestro Señor les dé las bendiciones que el señor Vicente, nuestro Muy Honorable Padre, deseó a toda la Compañía en el momento de repartir estas estampas, a las que también aplicó una devota bendición para implorar sobre nosotras la ayuda de estos santos y santificarlas a ustedes todas.

Suplico a nuestras Hermanas que han pedido su regreso acá, en nombre de Nuestro Señor, que no se inquieten por ello y tengan la completa seguridad de que nunca les ha de faltar la bondad de Dios en sus necesidades. ¡Ah! ¡qué peligroso es, queridas Hermanas el desear una cosa antes de que Dios la quiera! Me complazco en creer que sus deseos se manifiestan siempre con sumisión de espíritu, y siendo así, no las vitupero; pero, créanme, el cambio de lugar siempre es de temer, al menos si se hiciera por elección de ustedes. Ha habido quienes han pedido un cambio de destino y les ha costado la pérdida de su vocación. Y¿qué buscamos, queridas Hermanas, si no es agradar a nuestro Soberano Señor? Aguardemos en paz a que nuestros Superiores nos manifiesten su divino querer. Es nuestra práctica, queridas Hermanas, permanecer sometidas a la divina Providencia. En nombre de Dios, ámenla con todo su corazón, créanme en su santo amor…

  1. C. 426 Ms A, Sor Chétif 1, n. 21. Copia.
  2. Como en todas las copias de Margarita Chétif, van omitidos los nombres de personas, para respetar la discreción; en ésta se omite, además, la comunicación del fallecimiento del señor Angiboust (véase la carta siguiente).
  3. El señor Du Chesne (ver C. 166 n. 4), estaba pasando visita a las casas de la región Oeste de Francia.

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