Hija de la Caridad
Chars
31 de enero (1653)1
Muy querida Hermana:
Ya no me acuerdo de los cobertores que pide usted ni de cuántos; nos lo dirá usted a su regreso, que estamos esperando, para recibir el importe de las últimas cosas que le hemos enviado. Me parece que podría usted acostumbrarse a montar a caballo o en burro, porque no es posible emprender tan largo camino a pie, y esperar a que los caminos estén secos, sería demorarlo mucho. Cuando se viaja en cabalgadura, se cabalga a trechos y otros se hacen a pie; quizá no se le ha ocurrido a usted esta solución; vea de todas formas lo que mejor le convenga. No puede usted impedir que esa persona salga al mismo tiempo que usted, pero con tal de que vaya usted acompañada por otra, basta. Tráigase la receta que tiene para hacer pastillas, y diga al señor Cura si son las mismas drogas, como me figuro, porque sé que las hay muy caras.
Ya mandaré buscar el lienzo como lo desea el señor Cura; es difícil encontrarlo más ancho, pero se amortajan los cadáveres poniendo la tela atravesada que caiga recta sobre el estómago y llevando lo que sobra hacia los pies y la cabeza.
No me dice usted si Sor Juana2 se da buena maña para sangrar y si ya sabe mucho. Le devolvemos su cesta, con un «gracias» muy grande por sus excelentes manzanas y la seguridad de nuestro afecto que me hace ser, en el amor de Jesús Crucificado, querida Hermana, su muy humilde hermana y servidora.







