Hija de la Caridad
Nantes- Bretaña
(enero de 1653)1
Mi querida Hermana:2)
Hace unos quince días que tuve el consuelo de escribirle enviándole para todas nuestras queridas Hermanas los santos protectores del año. Ruego a Dios que todo haya llegado a su poder; lo que me hace dudarlo es que no he recibido noticias suyas desde entonces. No sé, querida Hermana, si en este correo recibirá usted cartas de nuestro muy Honorable Padre; pero puedo asegurarle que esta mañana le he visto muy apenado por el estado en que sabe se encuentran ustedes y completamente resuelto a solucionarlo lo más pronto posible. En nombre de Dios, querida Hermana, mantenga su espíritu en paz con esta seguridad que le doy; si no fuera porque sus penas son verdaderamente excesivas, yo le diría que diera entrada en usted a la alegría por ese penoso estado, segura, como debe usted estarlo, de que infaliblemente Dios sacará su gloria de todo ello; y por lo tanto, querida Hermana, no será pequeño el consuelo que a usted le venga. La ausencia de nuestra pobre Hermana3 no debe entristecerla; cosas semejantes hemos visto que nos han dado motivo para creer que era la divina Providencia la que estaba actuando. Tres señoras de alcurnia me quitan la pluma. No me queda más que asegurarle que soy en el amor de nuestro amado Niño Jesús, su muy humilde hermana y servidora.
P.D. Todas nuestras Hermanas la saludan y se encomiendan a sus oraciones.







