Hoy, 1.° de julio (1652)1
Muy querida Hermana:2
He recibido su carta con gran consuelo por enterarme de sus apreciadas noticias y las de todas nuestras hermanas. Pero encargo a Sor Ana3 me informe de la salud de cada una en particular, porque me figuro que usted se alegrará de este pequeño alivio. Quiero creer que nuestro muy Honorable Padre le habrá contestado extensamente; si viera usted el gran trabajo que tiene con las caridades que se hacen a los pobres refugiados, le tendría usted compasión; pero él no se queja nunca ni se cansa. Tenemos, querida Hermana, que orar y encargar oraciones por la conservación de su salud. Ya nos dirá usted bien qué carácter tiene esa joven de la que el señor Chesneau y usted nos han escrito. Habrá-que hacerle comprender la gran diferencia que va entre la vida y empleos de nuestras Hermanas de la Casa, las de las parroquias de París, las de las aldeas y las de los hospitales. Espero, querida Hermana, que si va con frecuencia a pasar el día entero a casa de ustedes, tendrá usted cuidado de que no le vaya alguna con cuentos; para ello, en sus Conferencias ruegue a las Hermanas que reflexionen en la obligación que tienen de darle buen ejemplo. Pruébenla bien antes, para que no nos veamos después obligadas a devolvérsela. Le ruego, querida Hermana, que salude a sus buenas y virtuosas señoras de mi parte. Todas nuestras Hermanas la saludan con afecto. Nuestra buena Sor Petra,4 la mayor, se ve reducida a guardar cama por sus muchas dolencias; la encomiendo a sus oraciones. Es triste que tengamos que estar tanto tiempo sin noticias una de otra: sólo puede servirnos de consuelo la sumisión que hemos de tener a la divina Providencia, juntamente con la santa obediencia por la cual murió el Hijo de Dios; en su santo amor soy, querida Hermana, su muy humilde hermana y servidora.
P.D. Encontrará usted esta carta de fecha atrasada. Los familiares de nuestras Hermanas están bien de salud, especialmente los padres de Sor Francisca Ménaqe.5 Le ruego haga usted que les escriba.







