Hoy, 20 de abril (1652)1
Mi querida hermana:2
Todo lo bueno que nos dice usted de esa joven que nos envía, nos mueve a quedarnos con ella, pero sólo a modo de prueba. Quiera Dios que sea apta para servirle en la persona de los pobres. Le envío la libra de azúcar y cuatro libras de azúcar morena, más cuatro camisas. Mucho me agradaría poder darle la satisfacción que me pide, pero tenemos que esperar la orden de nuestro muy Honorable Padre. Le ruego presente mis excusas al señor Vicario por no escribirle hoy, agradézcale humildemente de mi parte la molestia que se ha tomado en escribirme y asegúrele que haremos cuanto podamos para que la joven que nos ha enviado pueda permanecer.
Me olvidaba decirle que el azúcar cuesta veintidós sueldos y la no refinada veinte sueldos y medio. No le mando más ropa blanca porque sé que las Hermanas anteriores la habían confeccionado. Espero que a medida que vaya avanzando la primavera, recobrará usted las fuerzas. Alabe a Dios por no tener más que un enfermo en el hospital, porque esto les permitirá asistir más fácilmente a los del pueblo, ya que me parece no van ustedes a las aldeas cercanas. Le ruego me diga si tiene buen número de niñas en la escuela y si las que aprendieron a hacer encaje continúan haciéndolo. Supongo que también les enseñará usted a las que no saben hacerlo, porque es de completa necesidad no tener a las niñas ociosas. Encomiendo a sus oraciones el alma de nuestra difunta Sor Nicolasa, la ciega, y le ruego pida a Dios por Sor Andrea3 de Crespiere, y Sor María Raine, ambas gravemente enfermas. Mis fuerzas tardan en volver y tengo continuas recaídas, aunque leves. Necesito mucho de la ayuda de sus oraciones para serle más fiel a Dios, en cuyo amor soy, mi querida Hermana, su muy humilde hermana y servidora.







