Hoy, día de Santo Tomás [1651]1
Mi muy Honorable Padre:
No podría dejar pasar este día sin recordar a su caridad que hace hoy veintiséis años la divina Providencia me puso en estado de viudez corporal y me concedió la gracia de infundirme el deseo de permanecer unida a El por el tiempo y la eternidad. Dígnese darme su bendición con este motivo y hágame la caridad de ofrecerme de nuevo a su bondad; si no fuera yo tan infiel a mi Santo Angel, él se lo habría recordado esta mañana.
Le remito la carta del señor Capellán de Nantes. Creo no engañarme al pensar que algunos de allá consideran seria conveniente el alejar a nuestra sor Juana;2 pero ¿pensaría usted, mi muy Honorable Padre, enviarla a Saint-Malo? Perdone mi vehemencia en decirle mis sentimientos. Le envío también la carta de nuestra querida Sor Juana y la de Sor Enriqueta,3 a quien verá usted llena de sumisión para Hennebont.
No sé si su caridad se ha tomado la molestia de ver la carta del señor Cura de Nanteuil; se la remito también; creo que está disgustado por que la señora Mariscala de Schomberg4 escucha a nuestras Hermanas, quienes al presente se le oponen, según creo, para impedir que coloque como guarda o portero del hospital a un mendigo, por temor a que los desórdenes que allí reinan desde hace tiempo, continúen. Vea usted la carta que nuestras Hermanas me escriben sobre el particular, carta que si a usted le parece bien, enviaré a la señora Mariscala de Schomberg.
Permita, mi muy Honorable Padre, que le pida por amor de Dios poder hacer mi breve revisión (de conciencia) antes de Navidad, es decir, el viernes, sábado o domingo, que es la vigilia, a la hora que a usted le convenga.
Tenemos aquí a la señorita Guérin, su antigua vecina de Bons Enfants, la cual, en el espacio de un mes ha perdido, como diría el mundo, a dos hijos de gran virtud y esperanzas; el uno, religioso profeso en Santa Genoveva, el otro consejero en el Parlamento. Mucho desea tener el honor de verle; ya sabe usted que es una persona que no le entretendrá más que el tiempo que su caridad pueda darle, y también sabe que soy, aunque indigna, mi muy Honorable Padre, su muy humilde y agradecida hija y servidora.
P.D. El joven venido de Nantes me ha pedido le diga a su caridad se acuerde de él.
Se me olvidaba presentarle los respetuosos saludos de los señores de Liancourt.5







