(Angers)
(hacia 1651)1
Mi querida hermana:2
Es verdad que se me ha hecho muy largo esta vez el tiempo en que he estado esperando sus apreciadas noticias. Alabo a Dios con todo mi corazón por no haber habido otra causa que le impidiera dármelas sino sus santas ocupaciones. Mucho deseo que el santo amor de Dios las haga meritorias y que El siga derramando sus gracias sobre todas nuestras Hermanas para que se conserven en el estado en que me dice usted. Las abrazo a todas afectuosamente y las suplico que dirijan con frecuencia la mirada a la eternidad para que la esperanza de las rosas les consuele de las espinas. Es necesario trabajar por adquirir la igualdad de ánimo y la paz interior en todas las circunstancias que puedan presentarse, lo que parece en extremo difícil; pero podemos servirnos de dos o tres medios para lograrlo, que nos serán de gran ayuda: es, mis queridas Hermanas, el habituarnos a recibir los motivos de descontento como venidos de la mano de Dios, que es nuestro Padre y que sabe lo que nos conviene. El otro medio es pensar que la tristeza que pueda embargarnos no durará siempre; que apenas hayan transcurrido algunas horas, el sentimiento que nos domine será distinto del actual. Y el tercer medio para conservar la paz en medio de nuestras pequeñas turbaciones, es pensar que Dios ve nuestro estado, que, si amamos ese estado por amor de El y para cumplir su santísima voluntad, lo que en el momento presente nos causa mucha pena, se convertirá un día en gran consuelo. Y esto es completa verdad. No pensemos, pues, sino en hacer el bien para agradar a Dios; la carencia de ayuda exterior por parte de las criaturas nos servirá para avanzar en la perfección del santo amor; porque ¿saben ustedes, queridas Hermanas, lo que hace Nuestro Señor cuando un alma está abandonada y desprovista de todo consuelo y ayuda de las criaturas, y es al mismo tiempo lo bastante feliz y animosa para hacer de esa situación el uso que acabo de decir? Se complace en ser la amada dirección de tales almas; y aun cuando ella no sintiera esa asistencia, puede estar segura de que Dios no permitirá que haga nada que le desagrade, que es cuanto podemos desear.
Encomiendo a todas nuestras Hermanas a sus oraciones, y también a mi, que soy en Nuestro Señor, querida hermana, su muy humilde (hermana y servidora).







