Hija de la Caridad, sierva de los pobres enfermos
Chars
30 de junio (1651)1
Mi muy querida Hermana:2
Le agradezco con todo mi corazón su cariñoso afecto hacia mi. Los remedios que me han aplicado han sido más bien por precaución, gracias a Dios; pero su bondad se ha servido visitarnos llevándose a nuestra querida Sor Fénix,3 que ha fallecido al 9º día de una fiebre alta; esto nos es motivo para humillarnos y fortalecer la confianza que debemos tener en la divina Providencia. Tenemos también en extrema gravedad a Sor Magdalena,4 de San Nicolás du Chardnnnet.
Alabo a Dios que ha dado mejor salud a Sor Micaela5 a quien ruego que la emplee bien para servicio del prójimo y para trabajar por formarse en todas las máximas de las verdaderas Hijas de la Caridad. Le ruego a usted que le haga dar cuenta de sus oraciones y de la práctica de sus resoluciones, también de las faltas que cometa contra esas resoluciones, mostrándole usted gran cordialidad cuando se las declare. Cuide igualmente de que no se acostumbre, cuando salga, a faltar a la modestia y al recato que debe tener. Adviértale sobre todo que si usted le causa algún disgusto, se lo diga con confianza y hágale comprender la importancia que tiene el ir a hablar a otras personas de lo que ocurre entre ustedes. Puede usted leerle la presente si le parece que es necesario.
Mucho les compadezco en esa sujeción; pero le ruego diga usted al señor cura que no lleve a mal que pongan ustedes una cerradura particular asegurándole que no es que no tengan plena confianza en el buen señor Vicario, sino que las conveniencias requieren esto de ustedes. Salúdele respetuosamente de mi parte y ustedes reciban los afectuosos recuerdos de todas nuestras Hermanas. Buenos días, queridas Hermanas, créanme en el amor de Jesús Crucificado su muy humilde hermana y servidora
P.D. Aquí tiene la memoria que me pide.







