Hoy, 22 de mayo [1651]1
Mi muy Honorable Padre:
La imposibilidad que tengo de hablar con claridad, dada la confusión de pensamientos que se agolpan en mi espíritu cuando me veo en la necesidad de exponerle las cosas que me parece estoy obligada a decirle, me hace ahora estar pesarosa de lo que le he dicho de nuestra buena Sor Juliana,2 y suplico a su caridad no le escriba de forma que ella vaya a pensar que tiene que permanecer mucho tiempo en el lugar donde se encuentra, como quizá tampoco usted lo juzga conveniente.
Creo también un deber decir a su caridad que he tenido un poco de dolor, y lo sigo teniendo, en dejar esas sencillas oraciones, porque pensaba que la Santlsima Virgen quería le rindiese ese insignificante deber de gratitud; y me consuelo con Ella presentándole lo que impide hacerlo, con el propósito de intentar agradarle de alguna otra forma, de servirla con más fervor; pero ¡con qué poca firmeza ejecuto mis resoluciones y con cuánta frecuencia las descuido! Ayúdeme con su caridad dándome repetidamente su bendición y presentándome a Dios a pesar de lo indigna que soy, como un buen padre hace con sus hijos pródigos, porque bien sabe usted que lo soy, mi muy Honorable Padre, y también su muy obediente servidora.







