[1]C. 337 (L. 3) (A una Hermana). pp.329-330
(entre 1640 y 1646)1
Querida hermana:
Me gustaría ir a verlas yo misma a su nueva casa; si no han ido ustedes todavía a recibir la bendición del señor cura Párroco, serla conveniente pidiera usted a la señora de Romilly2 que las llevara a las dos. Por lo que se refiere a un confesor, si acaso les hablara de ello, ruéguenla tenga a bien esperar a que lleven ustedes un poco más de tiempo y conozcan el terreno; mientras tanto, se confesarán con el primero que se presente.
Ahí tienen unas estampas que les envío: un Señor de la Caridad3 es para poner en la sala de los Pobres, el otro es para la habitación de ustedes.
Le ruego, Hermana, que en los pequeños desórdenes con que se encuentre practique usted la paz que Nuestro Señor dio a sus Apóstoles, que piense más que hable y que no repita a nadie lo que oye usted decir a las señoras de la buena joven que estaba antes que ustedes. Hay que alabar el celo que siempre demostró en el servicio a los pobres. Lo mismo le digo a Sor Jacobita4 cuyas acciones ruego a usted observe de cerca. De todo corazón soy en el amor de Jesús Crucificado, querida hermana, su afectísima servidora.
P.D. Después de escrita esta carta, me dice el señor Vicente que tomen ustedes por confesor al señor Du Mesnil.
- C. 337 Rc 3 It 3. Carta autógrafa.
- Señora de Romilly (ver C. 213, n. 5).
- El señor Vicente envió a Luisa de Marillac la primera estampa del Señor de la Caridad en enero de 1640 (ver C. 11,10; Síg., 11,14).
- Jacobita (Jacqueline), una de las primeras Hijas de la Caridad. Sirvió a los pobres en el Hospital General, en la parroquia de San Lupo. Su mal carácter, sus palabras desconsideradas, obligaron al señor Vicente a pensar en despedirla (SVP, Xlll, 592; Síg., X, 733) (Consejo del 28-6-1646).







