(entre 1639 y 1647)1
Señor:
De mi salud no sabría qué decirle, pero si puedo asegurarle que tengo gran necesidad de hablar con usted, antes de pensar en ninguna otra cosa, acerca de las necesidades de varias hermanas. Tenemos aquí a nuestra Sor Carlota, muy mala desde hace tiempo; es la hermana de Sor Genoveva2 del Hospital General que ayudaba también allí a dar la «colación». Temo mucho que le vaya a ocurrir como a nuestra difunta Sor Bécu;3 le han recetado varias veces la sangría en el pie, pero nadie ha conseguido sacarle sangre. Si su caridad quisiera enviarnos al buen Hermano Alejandro,4 quizá él lo consiguiera. Tiene fiebre más alta, de ordinario, por la tarde que por la mañana.
Nuestras Hermanas que están de Ejercicios espirituales, podrán hacer, cuando a usted le parezca, su confesión, que no será general, ni una ni otra. La lorenesa que le habló a usted el sábado en el Hospital no encuentra colocación; hace ya más de quince días que está en el Hospital con ese propósito.¿Qué haremos? No le dé usted dinero, por favor. L e he dicho a Sor Genoveva que le proporcione lo que necesite; qué más querría ella que vivir allí sin hacer nada y teniendo dinero. Veo tanto desorden por todas partes que me encuentro agobiada; tengo esperanza, sin embargo, y quiero confiar en la divina Providencia, con las santas Marta y María.
En el amor de nuestro buen Jesús, soy, señor, su muy humilde hija y agradecida servidora.







